Todos seguimos teniendo muy presente el verano de Julián. Supongo que varias personas que estén leyendo estas líneas habrán sufrido en su vida personal la traición de alguien a quien incluso le han dado todo antes de que lo mereciera. Asumida la inadmisible gestión de la situación, personificada en un entorno que llegó incluso a sobrepasar los límites del respeto hacia todo lo relacionado con el Atlético de Madrid, quiero analizar cómo ha medido el jugador argentino los tiempos del perdón y qué puede suponer esta temporada para él tras lo sucedido.
Creo que los tiempos del perdón han estado brillantemente estructurados. No habría tenido sentido hablar sin haber hablado previamente sobre el campo. Imaginad que estas palabras de Julián hubiesen llegado tras el partido contra el Villarreal en el Metropolitano. Tampoco se habrían entendido esas declaraciones sin haber roto previamente relaciones con Fernando Hidalgo. Perdonarle o no es algo muy personal en lo que, por supuesto, no me corresponde entrar. Pero sí creo evidente que ese perdón ante los medios tenía que llegar después de modificar su entorno, mejorar su rendimiento sobre el campo y, a poder ser, marcar un gol significativo en casa, como sucedió frente al Deportivo.
Yendo a lo futbolístico, siempre se ha comentado que Julián, uno de los atacantes más completos del mundo por sus aptitudes, no acompañaba su fútbol de una actitud, digamos, de rebeldía; de exigirse a sí mismo ser el mejor día tras día. De hecho, en su etapa en el Atleti ha tenido bastantes ausencias en días rutinarios y pocas en los de máxima exigencia. Pero, sin desmerecer la importancia de destacar en los partidos de máxima exposición, yo siempre digo que lo impresionante de jugadores de élite como Messi o Cristiano era que prácticamente se sentían obligados a marcar tres goles en el partido del Martínez Valero.

Julián ya había sido clave en el tramo final contra el Espanyol y con su gol ante el Stuttgart, pero su actitud frente al Deportivo fue una de las más rebeldes que le hemos visto. Y eso, señoras y señores, es el poder de sentirse en deuda. Hay muchas personas que sacan su mejor versión cuando se ven al límite: en el trabajo, en sus aficiones, en la conquista, en el cuidado de las personas más importantes de sus vidas... Y quizás esa autoexigencia que en muchos momentos ha alejado a Julián del rango en el que debería estar por sus cualidades se la proporcione ahora el hecho de saber que, evidentemente, está ante una temporada peculiar, en la que siempre será analizado con una lupa de uso exclusivo para él.
En definitiva, en la vida y en el fútbol no siempre uno más uno son dos. Había mucha gente que temía que Julián continuase, pensando que la situación podía superarlo anímicamente o que, incluso, no haría nada por revertirla y esperaría al siguiente mercado para volver a salir. Y, seguramente, era un pensamiento lógico. Pero quizás ninguno pensamos en lo contrario: que, cuando uno tiene hambre, es capaz de hacer cualquier cosa por comer.
Julián y el hambre de la deuda. Ojalá acabe muy bien.





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