Del cabezazo del Cuti Romero al derechazo de Álex Baena. El Atleti gana en Cornellà en un partido con muchas similitudes con el que ganó en Vitoria. Y solo los equipos grandes pueden ganar ambos partidos de la manera en la que los ha ganado el Atlético de Madrid.
Rotaba Simeone de inicio, posiblemente condicionado por el exigente partido que afronta en tres días contra el Stuttgart. Dani Martínez fue la mayor sorpresa y, pese a que fue cambiado al descanso por Grimaldo, el canterano rindió bastante bien en esa posición de carrilero izquierdo en fase ofensiva, alternando la amplitud con alguna acción en la que pudo pisar zonas interiores.

Los primeros treinta minutos del Atlético de Madrid vuelven a evidenciar que estamos ante un equipo muy serio. La autoridad que tiene actualmente su plan se evidenciaba en el posicionamiento del equipo con balón, pero también en los pocos segundos que tardaba en recuperarlo. Vimos una presión bastante más alta y proactiva de lo que es habitual como visitante. El Cuti Romero, otra vez, volvió a ser uno de los principales protagonistas para que el Atleti pudiese ejecutar su plan: el argentino volvió a exhibirse en la anticipación, en la capacidad para ganar duelos en situaciones límite y en la salida de balón, donde batió líneas constantemente con grandes pases filtrados.
Uno de los principales destinatarios de esos pases del Cuti fue Jonathan David, que lució en los primeros treinta minutos un juego de espaldas magnífico, activando constantemente a una segunda línea que, pese a algunas acciones positivas de Giuliano, dejó que desear por culpa de un gris Kang-In Lee y de un desesperante Lookman. Poder decir cosas positivas del canadiense en el primer partido de Liga en el que no consigue marcar ni asistir evidencia que los números están siendo consecuencia y no causa.

Por poner un pero a la primera parte, vuelve a limitarnos no tener atajos, ya no solo para llegar al gol, sino también para impactar con frecuencia en el área rival. Es cierto que hay rendimientos individuales que irán a mejor y que eso reducirá los efectos de este problema, pero quizás esto es lo único que, en estos momentos, puede impedir que el Atleti esté en el primer escalón.
Entraron Grimaldo y Julián al descanso por Dani Martínez y Lookman, pero desde las primeras acciones ofensivas se vio a un equipo con menos fluidez que en el primer tiempo. No estuvieron bien Barrios ni Kang-In Lee, que fueron sustituidos por Llorente y Baena antes del minuto 60. No estaba siendo una buena segunda parte, pero ni siquiera en este tramo del partido dejó de rendir de manera notable Hjulmand. El danés, que en la primera parte había dado bastante continuidad al juego asociativo del equipo, estuvo espectacular en lo competitivo y en lo defensivo, pese a jugar condicionado por una injusta amarilla desde el minuto 22. Johnny Cardoso estaba siendo el mejor jugador del equipo junto al Cuti Romero, pero Hjulmand vuelve a demostrar que es un gran centrocampista y una completa garantía competitiva.

Mendoza sustituyó en torno al minuto 70 a un Cuti con molestias —y con una amarilla reciente—, y el equipo se reordenó con Llorente en el lateral derecho. Entró Rodrigo con buenas intenciones y dejó varias participaciones interesantes en jugadas combinativas, pero tuvo un par de pérdidas muy graves que no se puede permitir. Lo más positivo de este tramo final fue que Baena y Julián, imprecisos y algo desconectados del partido hasta entonces, encontraron el ritmo, la confianza y la determinación necesarios para, ante la urgencia del resultado, querer y conseguir impactar en los minutos finales.
UN GOL QUE REFUERZA UN ESTILO
La temporada pasada, en este mismo estadio, Julián mandó al palo una gran jugada colectiva que todos tenemos en la memoria y que, indirecta y equivocadamente, fue el principio del fin de aquella temporada. En este mismo estadio, el gol del Atlético de Madrid debe ser la confirmación de esta apuesta evidente por ser un equipo protagonista con el balón, valiente a la hora de atraer al rival en la salida y con automatismos tácticos para superar esa presión y aprovechar después, en la transición, las consecuencias positivas de haber arriesgado en esos primeros pases.
Porque en la acción del gol, que llega tras un centro al área del Espanyol en el que el Atleti impide el primer remate y gana la segunda jugada, hay pases comprometidos, como el de Mendoza a Pubill y el de este a Llorente. Pero, de repente, Marcos Llorente, que antaño habría mandado el balón al tercer anfiteatro, mató la peligrosidad de la jugada con un gran control y un cambio de orientación con la izquierda hacia Baena, que detectó a la perfección que debía venir al apoyo para convertirse en una gran solución. Y que, tras ese apoyo y dejar de cara el balón a Hancko, prácticamente en la frontal del Atleti, Baena marque un golazo en la frontal rival, llegando desde atrás y siendo indetectable, habla a las claras de que Baena es gol, pero, aún más importante, también es juego y personalidad.

Julián Álvarez, que estuvo cerca del gol antes e incluso pudo hacer el 0-2 con un gran disparo desde la frontal, lo hizo muy bien en la acción: se abrió para recibir el pase de Grimaldo y fue con determinación hacia dentro, regateando a su primer defensor y atrayendo al que estaba cubriendo la frontal. Así posibilitó que Baena tuviese un segundo extra para ejecutar el control y el disparo.
Hay muchas maneras de ganar 0-1 y todas son válidas, pero a mí dame esta, en la que el Atlético de Madrid se lo merece, defiende con la posesión y nunca pierde la cara al partido ni deja de entender lo que necesita en cada momento. Otra victoria de equipo grande.
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