Siempre me gusta distinguir la complejidad de ser visitante en la Champions League otorgándole la distinción de «competición propia». Tú juegas la Champions como local, la Liga, la Copa del Rey, a veces, como en esta temporada, la Supercopa de España... y la Liga de Campeones como visitante.
Si prácticamente cualquier compromiso como visitante en esta competición es bastante difícil, la localía de un equipo alemán generalmente le añade un extra. Avisábamos de que el Stuttgart era un equipo muy peligroso, con las ideas muy claras y que gran parte de su planteamiento parte de los beneficios que le da una presión tremendamente alta y proactiva. Con todos los respetos posibles para Alavés o Espanyol, el Atleti afrontó el partido como si estuviera jugando ese tipo de encuentro rutinario de Liga, donde tienes siempre un segundo extra incluso para conectarte a la acción defensiva u ofensiva.

Y si la diferencia de activación entre los dos equipos en cuanto a conexión, ritmo y ambición fue notoria, en lo individual hay que personificarla en Pubill. El error en el gol de Leweling o el previo a la expulsión de Hjulmand son consecuencia de un entendimiento del partido que fue tétrico desde su primera intervención. Primero, porque, al menos todavía, no es lo suficientemente bueno para jugar un partido de esta envergadura con esa sensación de «ir sobrado». Y segundo, porque un defensa siempre está obligado a sentir la urgencia del partido. Si a la media hora de partido ya has visto que has estado a punto de salir en varias fotos, quítate en cuanto veas una cámara. Esa parte pesimista que siempre debe tener un central no apareció en un Pubill al que, no obstante, estoy seguro de que este toque de atención le va a venir genial para volver a competir yendo de la mano con la urgencia de sentir que debes comerte el mundo y ganarte el puesto todos los días.
Sería mentir decir que en el momento del 1-0 (min. 35) el Atleti no era inferior, pero daba la sensación de que ya había pasado lo peor y de que estaba empezando a interpretar mejor el partido y a enlazar alguna secuencia de pases relativamente larga para desahogarse del estrés en campo rival. Ajustó Simeone la propuesta al descanso, que fue muchísimo más activa, sobre todo desde la presión, y con la presencia de Baena más cerca de Hjulmand y Barrios, en una especie de 1-4-3-3 en fase ofensiva que le sentó bien al conjunto rojiblanco. Empezar el segundo acto marcando ayudó a ese cambio radical. Julián, en una demostración de que el área rival siempre va a tener más billetes de gol, marcó un muy buen gol tras un gran pase de Lookman y una buena transición ofensiva que nace de un excelente duelo aéreo ganado por Giuliano.

Si el partido hubiese acabado en el minuto 64, con permiso de un muy buen Jan Oblak, posiblemente el MVP habría sido Hjulmand. En el peor momento del equipo en la primera parte, era el que mejor estaba entendiendo la urgencia de la situación, y su don de la ubicación en el segundo tiempo estaba permitiendo que el Atleti pasase más y mejor tiempo en campo contrario, enlazando el segundo ataque con muchísima mayor frecuencia que en los primeros cuarenta y cinco minutos. Pero el danés, por jerarquía y experiencia, no puede permitirse una acción tan inconsciente, por mucho que fuese una reacción al enésimo fallo de Pubill. En directo me pareció que la acción ofensiva del Stuttgart podría ser mucho más peligrosa de lo que realmente era, porque el Atleti tenía incluso ventaja numérica para defender esa transición inesperada. Y también hay que decirlo: los jugadores están obligados a educar su manera de competir en la era VAR en la que estamos, y una entrada que deja una foto tan fea es comprar todas las papeletas del establecimiento.
Una pena, porque el Atleti estaba en el mejor momento del partido, con Hancko aportando mucho en salida, Grimaldo apareciendo en esas zonas interiores ofensivas que tan bien le sientan, un buen Julián y un Barrios que estaba empezando a intervenir con frecuencia y a crear desajustes desde la conducción y su movilidad sin balón. A partir de ese momento, el punto era un tesoro que defender. Quizás se echó en falta intentar rascar alguna acción ofensiva más, pero el desgaste físico hizo mella y, además, el once con el que fue acabando el partido el Atleti no invitaba a ese optimismo ofensivo.

Visto lo visto en la primera parte, el Atleti sufrió menos de lo esperado en ese tramo de inferioridad numérica, salvo en un par de acciones a balón parado muy concretas, sobre todo aquel remate de Chabot que no fue el 2-1 por centímetros.
No fue, ni mucho menos, un buen partido. Pero el día que no puedes ganar, no es fácil conseguir empatar, y esto es otra señal de crecimiento, porque no hay ningún atisbo de duda de que este partido, la temporada pasada, habría acabado en una derrota incluso sonrojante. Un toque de atención que, en un momento de muy óptima ambición y competitividad como el que está demostrando el Atleti, debe servir como enseñanza colectiva e individual.



Comentarios
21/10/26, 8:48
Entiendo que mucha gente esté de bajón por el partido de ayer. Pensaban que íbamos a ganar sin bajar del autobús, y eso, en Alemania y en la Champions, no pasa. Los alemanes impusieron un ritmo muy difícil de aguantar durante casi toda la primera parte, y es cierto que, en todo ese tiempo, el mejor del Atlético fue Oblak. Perder el balón porque te lo roban con esa intensidad es normal; lo que no es normal son los innumerables errores que cometimos en la salida de balón. Lo mejor de la primera parte, sin duda, fue el resultado y haber aguantado semejante chaparrón. El partido pedía a Baena con balón, y el Cholo y su gente lo vieron como lo vimos nosotros. Muy buen inicio de la segunda parte: supimos ajustar el planteamiento y, con un Stuttgart más replegado, nos hicimos con el partido. Una pena la expulsión de Morten, porque once contra once habríamos ganado. Tocó aguantar y aguantamos, así que estoy feliz por la actitud del equipo en general. Los errores que cometimos ayer fueron más individuales que colectivos. El sábado, a seguir apretando al Barça, esperando como perros de presa a que pinchen.