Nos remontamos a 1975. El Bayern, que nos había ganado la Copa de Europa el año anterior, debía disputar la Copa Intercontinental contra Independiente, campeón de la Libertadores. Sin embargo, el torneo llevaba años tambaleándose.
Las ediciones de los años 60 estuvieron marcadas por la violencia, especialmente, de los equipos argentinos. Hechos que dejaron mucha huella entre los combinados europeos. Por ejemplo, el Ajax renunció a jugar en 1971 y 1973 y el Bayern, siguiendo la tendencia, también.
Así entró en escena el Atleti, subcampeón europeo, que no tenía mucho que temer a los argentinos porque ese equipo, al igual que el actual, también estaba lleno de ellos: Rubén Ayala, Ramón Heredia y Panadero Díaz. Todos protagonistas en la legendaria “Batalla de Glasgow” en la semifinal europea del año anterior: los tres fueron amonestados y dos acabaron expulsados.
Ante la renuncia del Bayern, el Atleti entró en escena como subcampeón europeo
La invitación a jugar la Intercontinental fue un aliciente en una temporada que no había comenzado nada bien. Los resultados en Liga estaban siendo irregulares y el Derby County nos había eliminado de la Copa UEFA a las primeras de cambio. La situación llevó a la directiva a destituir al 'Toto' Lorenzo en favor de Luis Aragonés, que pasó del césped al banquillo en cuestión de horas.
Así aterrizó el Atleti en Argentina para disputar la ida. La vieja Doble Visera, estadio de Independiente, ofrecía un ambiente tan imponente como hostil. En frente estaba un gigante: vigente campeón del mundo, tetracampeón al hilo de la Libertadores y con leyendas como Bochini, Percy Rojas o Bertoni. El partido fue espeso, trabado, casi sin fútbol. Independiente aprovechó una ocasión y se llevó el duelo por 1-0.
La vuelta fue otra historia
En un Vicente Calderón lleno hasta la bandera, el Atleti se preparaba para asaltar a la historia. Luis apenas tocó la alineación, pero sorprendió cambiando en la portería a Reina por Pacheco, histórico suplente pero siempre presente en días señalados. Y acertó.
Irureta abrió el marcador, empatando la serie. Cuando el partido ya agonizaba, en el minuto 85, momento en el que muchos temían una prórroga de esas que tanto nos han amargado, Ayala soltó un punterazo (¡benditos puntines!) que puso el 2-0. El Atleti se consagraba campeón del mundo.

Fue la primera piedra en la carrera legendaria de Luis Aragonés como entrenador. Y una hazaña única. Porque sí: el Atleti es el único club campeón del mundo sin haber sido campeón continental. ¿Se repetirá la historia esta vez?
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