El Atleti corrió la cortina para abrir el telón y, automáticamente, se llevó un golpe que lo dejó sin reacción. Función suspendida. ¿Había peor forma de empezar el torneo? No. ¿Mejor recibir un golpe de tal dimensión a las primeras de cambio para que el margen de reacción sea mayor? Posiblemente. Vamos a intentar ordenar, aunque duela, las claves —evidentemente negativas— del partido de ayer.

1. La banda izquierda: el punto ciego más visible

Es un atrevimiento suicida jugar este tipo de partidos siendo tan evidente cuál es tu mayor defecto. Y no es pequeño, es gigantesco. ¿Habéis hecho alguna vez la broma de pegarle un cartelito a la espalda a un amigo? Pues así sale el Atleti a estos partidos, con una nota que dice “atácame por aquí” pegada en la espalda de los Lenglet, Galán, Lino

¿Se puede empeorar? Sí. Porque este defecto, además, se duplica: es también el mayor hándicap ofensivo. Los rivales pueden ignorar con total tranquilidad ese costado y centrarse en 'sobredefender' el carril interior y el derecho. Es que hasta el propio equipo parece evitar adrede esa banda, más allá de alguna acción puntual de Julián. Banda ciega, banda huérfana.

2. Presión: sin automatismos, sin competitividad

En el fútbol actual, cómo presionas define en gran parte qué quieres y puedes ser en la posterior fase ofensiva. El Atleti sigue dando sensación de improvisación total en la presión, sin automatismos ni coordinación, tanto en la presión tras pérdida como en reinicios o salidas rivales.

¿Temor a exponerse en una transición defensiva en desventaja? Puede ser. El segundo gol del PSG quizá sea prueba de ello. Se puede debatir si el equipo necesita fichajes que se sientan cómodos en ese contexto, pero lo cierto es que la presión sigue siendo individual y desordenada, sin ningún tipo de intención colectiva reconocible.

3. Griezmann: hasta cuándo puede Simeone mirar para otro lado

Una hora antes del partido, muchos ya intuíamos lo que vendría sobre el partido que haría el francés. Es difícil justificar que Simeone siga repitiendo un error tan evidente: Griezmann condiciona todo el juego ofensivo del equipo.

No se podrá construir el Atleti de Julián mientras esté Griezmann en el campo

Juega como delantero, pero quiere estar detrás de la línea del balón. En lugar de conectar, entorpece. Ralentiza las transiciones, se esconde en fases de ataque, y lleva tráfico a zonas donde necesitas autopistas para volar (Llorente, Giuliano…). Va siempre al pie. Y eso, en el fútbol de hoy en día, máxime a rivales de tanta enjundia, es una losa mayúscula.

No se puede construir el Atleti de Julián con Griezmann en el campo, porque todo el ritmo y la estructura ofensiva se distorsionan a su alrededor.

4. Comportamientos defensivos: sangrantes y persistentes

Sigue doliendo ver al Atleti de Simeone cometer errores defensivos groseros. Individuales y colectivos. Y esto no es nuevo, lleva años ocurriendo, aunque la narrativa siga repitiendo que el Atleti es “una roca”. Mentira.

Contra el PSG fue evidente: despejes mal orientados, línea defensiva descoordinada que rompe el fuera de juego, mal posicionamiento en la frontal, repliegues incoherentes y tardíos... Un desastre defensivo. El Atleti puede ganarle al PSG, sí. Pero nunca sin querer —y saber— sufrir en defensa.

5. Falta de rebeldía: sin alma no hay milagros

A once Giulianos/Llorentes no le metían cuatro goles. Así de claro. No es la primera vez que el equipo muestra falta de rebeldía cuando el partido se tuerce. Y no hablo solo de intensidad o piernas fuertes, hablo de personalidad: mediocentros que se esconden en la salida de balón, extremos que no encaran, delanteros que no giran para atacar el espacio…

Medio centros que se esconden, extremos que no encaran... falta rebeldía y valentía

Que Koke, en 2025, tenga que salir desde el banquillo a mostrar lo que es querer tener incidencia, dice mucho —y mal— del resto. Y habla bien del 'capi', que luego es al primero que se le pega...

6. El árbitro: cuando los matices te matan

Me cuesta hablar de árbitros en un análisis futbolístico, pero lo de ayer fue determinante. No por una jugada puntual, aunque la expulsión de Nuno Mendes es debatible (¿amarilla? ¿roja?), sino por la falta de coherencia en los criterios.

Quien ha jugado sabe lo que condiciona que el árbitro aplique distinto criterio a acciones similares. Y más si te castiga con tantas amarillas en zonas clave. Eso limitó al Atleti, sobre todo sin balón.