La madrugada del jueves al viernes, el Atlético de Madrid se enfrenta en su segundo partido de este Mundial de Clubes al equipo, en teoría, de menor entidad del grupo, un Seattle Sounders que tendrá a favor el calor de su grada al ser anfitrión. Necesitados de ganar tras una derrota inicial, ambos equipos presentarán sus armas y los norteamericanos cuentan con la baza de Georgi Minoungou, un extremo revulsivo que será una amenaza y juega con una peculiaridad: hace dos años se quedó clínicamente ciego de un ojo.

Georgi Minoungou creció jugando al fútbol en las calles de tierra de Costa de Marfil. Allí, en partidos encarnizados en los que la táctica no existía y donde solo resaltaba la técnica, desarrolló un uno contra uno temible. Al cumplir los 18 años, varios ojeadores que habían visto que no se le daba nada mal aquello de driblar decidieron llevarlo a República Checa a que hiciera una prueba con un equipo de segunda división del país, el MFK Vyškov.

Allí duró poco. Su juego carecía de la mínima base exigible para un jugador semiprofesional, o eso al menos determinaron en el club, y finalmente el marfileño acabó saliendo con destino a Estados Unidos, donde la suerte empezaría a sonreírle. Se enroló en las filas del Tacoma Defiance, equipo satélite del Seattle Sounders que milita en la MLS Next Pro, la liga de desarrollo que sirve como antesala para la MLS y que permite a los clubes de la máxima competición ir probando a los jugadores que tienen en sus canteras.

Desde el primer día, las prestaciones de Minoungou encantaron al cuerpo técnico del club. Era rápido. Muy rápido. Descarado y con una arrancada potente. Nunca se escondía, siempre intentaba tirar el regate y solía salir exitoso más de lo normal. En un país tan acostumbrado a medir los atributos físicos de sus deportistas, la realidad es que Minoungou era una bestia. Un diamante por pulir. Cierto que le faltaba todo lo demás: táctica, lectura del juego, posicionamiento… Pero se propusieron enseñarle a limar todas esas imperfecciones y el chico no defraudó. Además, Costa de Marfil Sub 20 también llegó a citarle.

UNA INFECCIÓN CAMBIÓ SU CARRERA

En abril de 2023, después de un año en el club y con los 20 años recién cumplidos, Seattle Sounders decidió llevárselo a un stage por Europa. Asentados principalmente en Marbella, Minoungou encandiló a los entrenadores del equipo de la MLS, que decidieron ofrecerle un contrato a la vuelta de aquella minipretemporada. El problema es que una extraña infección dejó todo en stand by.

Porque el ojo izquierdo del futbolista comenzó a inflamársele y a sangrar de manera descontrolada. Minoungou, que hacía días que ya no veía bien por él, terminó en el quirófano, donde le informaron que iban a extirparle el ojo. Una extraña infección, seguramente provocada por una bacteria desconocida, le había causado el problema. Finalmente, durante la cirugía comprobaron que no había sido necesario retirarle el globo ocular, pero Minoungou perdió por completo la visión del ojo.

Aquello supuso que su salto al equipo de la MLS se retrasara. Pasó varios meses alejado de los terrenos, luego volvió a ellos con mucho cuidado y jugando con unas gafas que hacían recordad a Edgar Davids y volvió a ponerse a punto en el equipo satélite. El curso pasado, por fin llegó la noticia esperada: dejó el Tacoma para unirse a Seattle. Del equipo canterano se marchó con 15 asistencias y 5 goles en unos 60 partidos.

Ahora, Minoungou sigue un largo proceso de adaptación. No solo al fútbol profesional, sino a su propio estilo. Ha tenido que cambiar ciertos registros para calibrar absolutamente todo en su juego. Tiene 22 años y, principalmente, ha actuado como revulsivo en banda derecha, donde en una temporada ha logrado repartir cinco asistencias. Sin duda, su mejor atributo es el regate, toda vez que aparece a años luz del segundo en discordia en las estadísticas de regates completados en la MLS. En Seattle confían en él como un jugador con mucha proyección al que todavía no se le ha visto todo su pontencial. Presumiblemente suplente el jueves, no sería nada extraño verle jugar en la segunda parte y poner en aprietos a los laterales colchoneros.