La derrota ante el PSG dejó varios titulares, pero uno de los más llamativos fue la polémica actuación arbitral de István Kovács. El colegiado rumano mostró siete tarjetas amarillas por apenas ocho faltas cometidas por los rojiblancos, varias de ellas notablemente rigurosas, además de la cuestionada expulsión de Lenglet. Un solo encuentro le bastó para convertir al Atleti en el equipo más amonestado del torneo.

El dato podría parecer anecdótico, pero no lo es. Muchos aficionados creen equivocadamente que en el Mundial de Clubes se aplican los mismos criterios que en LaLiga o en competiciones europeas, donde se necesitan cinco o tres amarillas para cumplir sanción. Sin embargo, en este torneo basta con acumular dos tarjetas amarillas para perderse el siguiente encuentro. Así, el Atlético encara el duelo ante el Seattle Sounders con una amenaza latente: Le Normand, Lenglet, Reinildo, Koke, Giuliano Simeone y Correa están a una amarilla de perderse el partido ante el Botafogo.
En este Mundial, cumples ciclo con solo dos amarillas
No es un detalle menor. Dos defensas: uno de ellos, normalmente titular indiscutible; y otro que, en contextos defensivos, suele rendir a buen nivel. Un centrocampista que suele ser vital en momentos de descontrol. Un jugador de banda que es, habitualmente, la principal arma explosiva del Cholo. Y un revulsivo que, en más de una ocasión, nos ha dado a todos varias alegrías.
Hay casos concretos en los que el Atlético de Madrid ha rendido claramente peor cuando algunos de estos jugadores no han estado sobre el césped. Es el caso de Clément Lenglet, quien por seguro no estará ante el Seattle Sounders y con el que el equipo ha ganado el 73,5 % de los partidos disputados (25 de 34). Sin él, el porcentaje cae drásticamente: solo 9 victorias en 21 encuentros. Una situación similar ocurre con Koke, pieza clave en el sistema de Simeone. Con el capitán en el campo, el Atlético ha logrado un 65,9 % de triunfos esta temporada (29 de 44), mientras que sin él, la cifra desciende al 45,5 % (5 de 11).
Apercibidos hasta las semifinales
Lo que está claro es que todos ellos deberán medir al milímetro cada entrada, cada protesta, cada situación límite. Porque una amarilla más podría costar muy caro, y el partido contra el Botafogo podría ser más que un trámite si los brasileños logran sumar ante el PSG o si el Atlético no supera el escollo de Seattle. Un aviso para lo que está por venir, pues si los colchoneros consiguen pasar la fase de grupos, el peligro de las amarillas seguirá existiendo, ya que solo desaparecerán a partir de las semifinales. Simeone, como ya ha hecho en otras ocasiones, tendrá que jugar también su propio partido desde el banquillo, gestionando el riesgo con cabeza y rigor.
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