Con un escueto comunicado oficial de despedida de apenas dos párrafos, compartiendo espacio con Sambi Lokonga, el Sevilla ha dado por cerrada de forma anticipada la etapa de Saúl Ñíguez en el Ramón Sánchez Pizjuán (un gol y seis asistencias en 26 partidos oficiales) después de no cumplir con las expectativas sobre el terreno de juego ni estar cerca de ejercer representativamente la figura de líder que se le presuponía. Su llegada a Nervión, destinada a aportar la experiencia a una plantilla con muchos cambios y pocos referentes, contemplaba la posibilidad de extender una vinculación que no se ha querido hacer efectiva.

Los siete 'kilos' de ficha han sido una losa para Saúl, sin sitio en el Atleti y ahuyentando a otros equipos interesados en su fichaje

“Desde el primer día no tuve dudas en unirme, y sumado al cariño que me mostró el club, me entregué al máximo [...] La temporada no fue como a todos nos hubiera gustado, por diversos factores, pero me quedo con la actitud del equipo y del club para no venirse abajo”, justificó a través de redes sociales en su adiós un jugador al que incluso se le concedió el brazalete de capitán en muchos partidos pese a ser un recién llegado. Una inoportuna lesión muscular y el mal momento deportivo de la entidad provocaron que fuera pasando cada vez más inadvertido, a caballo entre el destierro de García Pimienta primero y Caparrós después y el descrédito social que se fue ganando entre la parroquia sevillista.

En el alambre

Sin presente ni futuro en el Sevilla, que solamente se hacía cargo de 1’5 millones de euros de los 7’5 que ingresa en total según ha informado Chema G. Fuente en Mundo Deportivo, al ilicitano se le abre un horizonte de muy difícil solución. No tiene sitio en el Atlético de Madrid pese a su polivalencia y condición de canterano, no entra económicamente dentro de los planes de la dirección deportiva rojiblanca para ahorrarse la elevada ficha del jugador y no cuenta deportivamente para un Diego Pablo Simeone que ya se negó a tenerle en el equipo en el verano de 2021 para facilitar en las últimas horas del mercado de fichajes el regreso de Antoine Griezmann desde el Barcelona con su salida hacia el Chelsea.

A un año de acabar contrato, Saúl no tiene sitio en el Atleti, no entra económicamente en los planes de la dirección deportiva y no cuenta para Simeone

El ‘caso Saúl’ es sin lugar a dudas un problema bidireccional tanto para el jugador como para el propio club. A pocos meses de cumplir los 31 años, el interés del ilicitano pasa por ser titular y tener peso en un equipo de élite, con la esperanza de recuperar su mejor versión dentro de un rectángulo de juego. En la demanda del Atlético de Madrid está encontrar de forma urgente un nuevo acomodo para un efectivo que ha caído en el ostracismo, sin un lugar dentro de la plantilla y con la necesidad de aligerar la masa salarial.

¿En qué estrella estará?

Su fin de ciclo en el equipo rojiblanco se fijó en el verano de 2024, momento en el que el Atlético de Madrid animó al propio jugador a buscar nuevos retos y un equipo donde pueda seguir disfrutando de la profesión. Los siete kilos de su ficha han sido en todo momento el principal obstáculo tanto para permanecer como rotación para Simeone como también para encontrarle un nuevo lugar en su trayectoria deportiva en muchos equipos que salían espantados ante la mínima posibilidad de asumir siquiera una pequeña parte de sus elevados emolumentos.

El Atleti espantó a gigantes europeos en 2017 blindando a Saúl con un caché de estrella: nueve años de contrato y un importante aumento salarial

Pero… ¿cómo consigue Saúl una ficha que termina por asustar a propios y extraños? Hay que remontarse a julio de 2017 cuando se hace una firme apuesta por un futbolista que se destapa a las órdenes de Diego Pablo Simeone tras foguearse previamente con el Rayo Vallecano y que viene de brillar en el Europeo Sub-21 de Polonia con España. El gran rendimiento ofrecido provoca que numerosos equipos europeos con mayor músculo económico tocasen a su puerta, obligando al Atlético de Madrid a asegurar su continuidad con una suculenta oferta que le acercase a tener un caché de estrella con tan solo 23 años: importante aumento del salario, una cláusula de rescisión por encima de los 100 millones de euros y una extensión de contrato casi vitalicio por nueve temporadas más (hasta 2026), algo poco común en las secretarias técnicas de los clubes.

El movimiento, por aquel entonces, no deja de tener riesgos pero bajo ningún concepto se considera como un error, entrando además dentro de una consensuada planificación de ampliaciones de larga duración para aquellos futbolistas criados en la cantera (Koke renovó en 2017 hasta 2024). Su declive y su pérdida de peso no tiene una fecha concreta ni una explicación oficial que explique su depreciación, pero sí que coincide en el tiempo con la salida del vestuario hacia Japón de Fernando Torres, uno de los jugadores que más le ha cuidado en esa transición de canterano hasta líder, con una polivalencia en el campo que ha terminado por ser más una condena que una bendición y con unas discrepancias con Diego Pablo Simeone que terminaron por romper la relación entre entrenador y jugador.