En verano de 2013, a Diego Pablo Simeone le preguntaban en los medios argentinos que quiénes eran los jugadores del país que veía con más futuro por su labor en la Liga Argentina: “Me gustan Correa, Vietto y De Paul”, diría. Ninguno de ellos sumaba entonces más de una treintena de partidos con sus clubes y tampoco superaba los 20 años de edad. Poco después, el Atleti firmaría a Ángel. Dos años más tarde sería el turno de Vietto y, por último, ya con esas declaraciones casi en el olvido, a De Paul. Tres de tres.
Resulta que el propio Simeone había hecho debutar a Luciano Vietto con 17 años en Racing. En aquellos momentos, siendo unos meses más joven que Luciano y contando aún con 16, en la cantera de La Academia ya deslumbraba un joven Rodrigo de Paul, entonces un jugador mucho más adelantado, jugando como ‘10’ o caído a banda izquierda, al que el propio Simeone ya había echado el ojo y que, quién sabe, si llegó a subir a entrenar alguna vez con los mayores como sparring. El caso es que la simbiosis fue escasa, Simeone acabó saliendo de Racing para firmar por el Atleti y De Paul tardaría algo más de un año en debutar como profesional para convertirse luego en uno de los mayores atractivos del campeonato.
Pero a De Paul le pasaron muchas cosas entre ese periodo y su fichaje por el Atleti, que se dio 8 años después, en verano de 2021. Por el camino, un paso frustradísimo por el Valencia, un retorno a Racing donde fue un espejismo y un quiero y no puedo y una fuga a Udinese como último intento de encontrar su sitio en Europa. Allí, tras unos meses donde parecía que Rodrigo moriría como un jugador de relleno en el viejo continente y acabaría como promesa inconclusa, un cambio de posición terminó por darle las llaves del equipo italiano para descubrir que aquel chico que se había quedado sin chispa para jugar como 10 quizás podía funcionar como organizador anárquico.
Un cambio de posición, del 10 al 5, le devolvió al primer nivel europeo
Fue ponerle un pivote posicional (o dos) por detrás y dotarle de libertad absoluta lo que propició que viéramos, durante tres años completos, a un jugador que corría por los campos de la Serie A como un potro desbocado, que estaba infinitamente por encima de sus compañeros y del contexto de su equipo, y al que los números acompañaban. Rodrigo hizo 25 goles y repartió 26 asistencias en esas tres campañas en las que lideró a los suyos brazalete de capitán incluido y se metió en el bolsillo a toda una ciudad. A saber, su nombre apareció también en la zona alta de registros como los de pases clave por partido, regates exitosos y asistencias de gol. Los datos de Alebia le coronaron como el futbolista de las grandes ligas que realizaba más acciones ofensivas (remates a puerta, centros que son rematados, regates completados) con éxito. Por encima de los Messi, Cristiano, Benzema, Neymar, Lewandowski o Griezmann. De todos.
Aquel desempeño le llevó a acudir a la selección argentina, donde le costó ganarse un sitio… hasta acabar convirtiéndose en talismán. Un partido clave: el inaugural de la Copa América. Fue suplente… Y Argentina arrancó mal. Perdió. Resulta que De Paul había estado, hasta entonces, en siete convocatorias. Había jugado cinco partidos, todos ganados, y los dos que Argentina perdió habían sido con él como descarte. El duelo ante Colombia en Copa América supuso que Scaloni confiara en él… Y hasta hoy. En medio, titular indiscutible en esa racha de 35 partidos de Argentina invicta y solo seis derrotas en sus 78 internacionalidades, además de ser el pulmón de la albiceleste que logró la tercera estrella en Catar, el guardaespaldas y mejor amigo de Messi dentro y fuera del campo. Intocable.
Pero su conversión en futbolista total también le llevó a ser codiciado por los mejores equipos de la Serie A y terminar aterrizando en un Atlético de Madrid que venía de ganar la Liga española en verano de 2021 y donde ha tenido altos y bajos a partes iguales, pero nunca ha terminado de meterse a la afición en el bolsillo por lo irregular de su rendimiento. Y a De Paul hay mucho que achacarle, pero también que agradecerle.
Y es que su primera temporada, casi de adaptación, fue más bien regulera. El argentino tuvo que pelear por un puesto en la medular, en un sistema de 3-5-2 que conocía, pero que no le dotaba de tantas libertades como en Italia, pues rara vez tenía un pivote físico por detrás. Lemar, Herrera o Kondogbia formaron su competencia para acompañar a Koke, y el mediocampista de la albiceleste se topó con suplencias en partidos clave como duelos ante Real Madrid y Barcelona en Liga o el cruce de cuartos en Champions League ante el Manchester City. Pero el curso pareció ir de menos a más. Lógico. Y acabó viendo puerta en dos de los tres últimos duelos. Una esperanza.
Un permiso especial le acabó poniendo la cruz
Pero la siguiente campaña, todo empezó torcido. Y para muchos nunca se enderezaría. Iba un mes y medio de competición cuando una situación le puso la cruz en gran parte de la grada y nunca se le ha perdonado por ello. En vísperas de un partido y tras una concentración con Argentina, De Paul pidió permiso al club para visitar a su padre, que había empeorado en su estado de salud delicado. En cambio, se dejó fotografiar en Estados Unidos, en una gala de premios donde su pareja daba un concierto.
Aquello le hizo perderse un partido ante el Sevilla y el club le sancionó internamente y le condenó una semana al banquillo. Cerezo zanjó el asunto en los medios barriendo para casa, pero la pena se antojó corta. Aquel incidente opacó que, meses más tarde, Rodrigo de Paul comenzó a dar un rendimiento mucho mayor, se hizo indiscutible y, quizás fruto del Mundial conseguido en diciembre de 2022, engrasó la máquina para hacer un 2023 sensacional, como todo el equipo rojiblanco. Quizás, claro, con una pequeña trampa de por medio: el Atleti había sido eliminado en fase de grupos de Champions League y estuvo jugando el primer semestre de 2023 un partido a la semana.
A Rodrigo no se le pedía fútbol, se le pedía actitud. Y sí, en ese 2023, una cosa llevó a la otra. Él, admitiendo un papel de líder que nunca había tenido de rojiblanco, comenzó a mejorar exponencialmente, Simeone le confió la titularidad plena (solo extinguida por rotaciones puntuales que, en mayor medida, solían coincidir con vuelta de parones internacionales). Y comenzó a exprimirse al máximo. Y, con ello, su virtud futbolística. Con balón, se convirtió en el único jugador capaz de tener las ideas claras (Koke aparte), de distribuir y de moverse por toda la parcela ancha, esto último, algo para lo que el capitán ya no llegaba. Su momento de forma potenció los mejores meses de Nahuel Molina y el Atleti encontró aire por una banda derecha a la que a veces caía Correa y que supuso la mejor arma ofensiva de varios tramos de la temporada.
Pero De Paul volvía a ser inconsistente, guadianesco. De esos jugadores que, viendo su primera acción, ya sabías si iba a tener el partido de su vida o iba a ser el mejor socio del rival. Y es que, si bien en el primer semestre de 2024 pareció pegar otro bajón, la 2024-25 la empezó, quizás, en el mejor momento de forma como rojiblanco. Ya sí, con más poderes que nunca, a veces volviendo al doble pivote, a veces como interior, encontró su mayor pico de forma en el Atleti. De su nivel, el Atleti sacó rédito y acabó como campeón de invierno. Su bajón, también influyó.
careció de regularidad sostenida en el tiempo
¿Qué fue antes, el bajón del Atleti o la caída de Rodrigo? Porque en el debe del club rojiblanco, nunca se le rodeó de gente válida. O sí, pero con matices. Porque el último año, Koke ha pasado más tiempo del deseado en la enfermería y dosificando. Barrios, al que no se le debe exigir más responsabilidades, también ha estado de baja en momentos críticos y ha demostrado que se siente más cómodo jugando algo más arriba. Y no había nada más. Porque Simeone se empeñó en dejar claro que Gallagher no era un jugador para la base y, en esas, el argentino se tuvo que multiplicar hasta desgastarse y terminar con los plomos fundidos.
Y en estas, con un año de contrato y en vísperas de Mundial, las luces y las sombras de De Paul no parecen apagarse. Quienes nunca le perdonaron el incidente de Estados Unidos le quisieron fuera. Quienes han olvidado aquello, tienen sus dudas en confiar en un jugador que, aunque no haya sido regular, ha rendido a muy alto nivel, o quienes piensan que la cabra tira al monte y que no querrá meter la pierna pensando tanto en Argentina como en su último contrato. Por eso, la llegada del Inter Miami, donde juega su amigo Messi, ha terminado suponiendo una salida para todos.
Rodrigo De Paul se va con 187 partidos jugados, 14 goles anotados y 26 asistencias. No llegó a ser el líder que los amantes de la Serie A consideraban. Tampoco el fracaso que muchos aseguran. En muchos partidos, fue el único recurso al que se agarró un Atleti sin ideas. En otros, un futbolista que recordaba a épocas de plomo.
Comentarios
28/7/25, 19:11
Ha demostrado muy poca profesionalidad
26/7/25, 5:47
Bye, De Paul. Vete a sestear a Miami. Elige allí que partidos correr, y que partidos ser un espectadoras desde dentro del campo. Solo corrías y te esforzabas en el Metropolitano, porque te molestaban los pitos y el run run. Eres responsable directo de los bajones inexplicables en muchos... muuuchos partidos fuera de casa, sobretodo en los campos de equipos de mitad de la tabla para abajo. Gracias Miami, por librarnos de este señorito. En lo único que era regular e incansable era en protestar, protestar todo, dar la tabarra al arbitro siempre, a todas horas. Lo de que era un líder en el vestuario..... si es verdad.... explica muchas cosas del equipo de los últimos años. Si este tío era el líder... apaga y vámonos.
25/7/25, 23:59
Gracias De Paul, la vdd yo queria que se quedara 1 anio mas. El mejor partido que le vi fue contra el Neverlusen, se comio a Wirtz, corrio por 2. Tambien recuerdo que lo dio todo en la vuelta contra el RM, lo cambiaron porque no daba mas, pero volvio a correr por 2. A mi que me gusta mucha el motorcito, en el asado mecanico era el lider de vestuario.. lo extranare pero es que no se porque a veces le falta actitud y hambre y muy fiestero tambien. Lo del concierto, lo de "hicimos buena temporada por entrar al mundial de clubes", lo de no correr cuando pierde un balon.. RDP para mi es "el que podia, pero no queria"