He de confesar que afronto esta nueva temporada del Atleti con más ilusión que nunca. Soy así. No entiendo el Atleti sin vivirlo con pasión, felicidad y optimismo. Me gusta (y me representa) la frase “cuanto más difícil, más fácil”. Tiene ese toque rebelde. Y este año no va a ser menos. ¿Que luego viene el golpe? Ya lo dice la canción: “Si la felicidad se escapa, bailaré con el dolor”.

Sin embargo, también he de admitir que tengo algo de temor. Miedo a que las cosas se tuerzan, que el Metropolitano se convierta en un ambiente irrespirable a causa de los resultados, de no cumplir las expectativas (que es algo muy personal y de cada uno) o del agotamiento. El pinchazo contra el Porto en pretemporada fue un pequeño conato que me removió ese pensamiento.

Sigo creyendo en Simeone y siento que con buenas piezas podrá hacer un equipo competitivo.

Siento que la afición del Atleti cada día está un poco más polarizada a raíz de la figura de Diego Pablo Simeone. Yo confesé en varias ocasiones dudas el año pasado; más tras el naufragio del Benito Villamarín. Tengo mi posición más o menos clara: confío en el hombre que ha sido el culpable de mis mejores noches como rojiblanco, soy generación de los años de plomo y me ha devuelto el orgullo ganador.

Ante eso, sigo creyendo en Simeone -aparte de una razón de lealtad y de deuda que experimento- y siento que con buenas piezas podrá hacer un equipo competitivo que nos vuelva a ilusionar. ¿Es este año? Creo que sí, aunque con el matiz de que quedarían fichajes para hacer una plantilla más competitiva. Luego los títulos dependen de detalles (y arbitrajes) o de que estás compitiendo contra Barcelona y Real Madrid -generalmente-, entre otros muchos factores, pero el Atleti tiene que estar ahí. Sin excusas.

Esto no significa carta (roji)blanca y más como analistas del Atleti que somos. El Atleti de Simeone debe mejorar, tiene que lavar su cara fuera de casa -que es donde se le van las ligas- y acercarse a dos gigantes que juegan con otras normas, presupuestos y jugadores. Considero que el consenso en estas ‘exigencias’ es bastante amplio; al igual que reclamar a la directiva que apueste en líderes futbolísticos y no en oportunidades de mercado (aunque muchas tengan sentido).

Entiendo al que sienta que la etapa de Simeone ya ha caducado y que no vea que puede crear un equipo ganador.

Dicho esto, entiendo perfectamente a quien no esté en mi línea, al que sienta que la etapa de Simeone ya ha caducado y que esto solo es alargar la agonía. Ha habido motivos para pensar en ello. Eso sí, con un mínimo que para mí es importante: que esa crítica/posición venga desde el respeto hacia una leyenda como es el argentino.

Comprendo al aficionado del Atleti que quiera algo distinto, son muchos años con Simeone en el banquillo. Entiendo quien no confíe por mucho fichaje o mucho mes bueno que viva el equipo, pero siento que estamos ante una temporada determinante viendo que el año pasado no estuvimos tan lejos (el sabor de boca final fue malo, pero el camino no tanto). Y ante eso sí hay un elemento a tener en cuenta: la paciencia.

Simeone, en un principio, introducirá mínimo unos cinco nombres nuevos a su once tipo (Hancko, Ruggeri, Johnny, Almada y Baena). No es poca cosa. En pretemporada -veremos en el primer partido oficial- se han visto conceptos que el Atleti venía perdiendo en el campo: presión tras pérdida, defensa a campo abierto y juego interior. Eso puede que necesite tiempo.

Y esto me lleva al segundo párrafo de este texto: ¿está el Metropolitano preparado para tener esa paciencia que podría requerir un equipo seminuevo? Insisto, y eso no significa mirar a otro lado, ni encadenar derrotas, más viendo que los dos con los que compites no perdonan. Sea como sea, el temor a un mal partido, al runrún o hasta al silbido en el Metropolitano (que cada uno haga lo que quiera, eh) existe. Esperemos que no. Mientras, yo prefiero bailar con la felicidad que con el dolor.