Tenía serias dudas sobre si escribir este artículo. He estado pensándolo detenidamente durante días, pero la tendencia que estoy viendo me ha animado a ello. Si estas líneas sirven para reflexionar o para rebajar tensión me daré por satisfecho. Entendería que nada cambiase, viendo que la polarización en la afición del Atleti se intensifica cada vez más a raíz de Diego Pablo Simeone.

La derrota en pretemporada contra el Porto me hizo aflorar miedos de rupturas en el Metropolitano. El pinchazo en Cornellá lo ha disparado. Ojalá se quede en eso: en temores y no en realidades. Sin embargo, siento que el respeto (ya ni hablo del cariño) se está apagando.

Entiendo al atlético que quiera un cambio, que no confíe en Simeone. No va de una crítica o una postura legítima, sino del tono y el respeto.

Hablo de Simeone. Cada día percibo que división se profundiza. Puede que me esté dejando llevar por una primera jornada dolorosa, pero es una sensación amarga que me acompaña. Entiendo al aficionado del Atleti que sea crítico con el entrenador. Entiendo al aficionado del Atleti que quiera un cambio en el banquillo. Entiendo al aficionado del Atleti que no confíe en que pueda hacer un gran año. No seré yo el que convenza de lo contrario.

Quizá Simeone ha demandado demasiados saltos de fe y esa confianza se ha ido apagando. O quizá sea fruto de las expectativas de cada uno, más viendo la falta de inversión que arrastraba el Atleti hasta el verano pasado. Ni entro ni salgo en las posiciones de cada uno. De hecho, considero que la crítica es más que necesaria y que las piruetas para justificar según qué cosas a veces no tienen sentido.

Dicho esto, también veo imprescindible mantener siempre en la cabeza una cuestión: el respeto a una leyenda. Esto no significa carta (roji)blanca, pero sí un mínimo. Simeone no ha dado motivos para odiarle. Y si los hubiera dado (cabe recordar que los objetivos futbolísticos marcados por sus jefes siempre han sido cumplidos), ¿son suficientes para tirar por tierra lo vivido?

Puede que ni me valga el argumento de 'cuidado que seremos el United tras Ferguson', pero no veo motivos para cargar con vehemencia hacia Simeone.

No quiero apelar demasiado al pasado, a lo logrado, ni tan siquiera al temor a un futuro donde el Atleti vague por un largo desierto al perder a un entrenador icónico. Entiendo a quien no le valga el argumento de “seremos el United tras Ferguson” porque hay experiencias dramáticas (Valencia, Arsenal o United) tras cambios profundos y otras mejores. Es fútbol.

Yo no voy a eso, voy a la reflexión del artículo: siento que no hay motivos para cargar con una vehemencia que me apena. Al igual que duele ver los eternos enfrentamientos entre atléticos por este motivo. La brecha cada vez es más grande.

¿Por qué ser ‘anticholista’? ¿Se merece Simeone tener ‘antis’? ¿Tanto mal ha hecho como para levantar una ‘resistencia’ contra él? Cada atlético puede tener su opinión respecto a Simeone, y eso no te convierta en más o menos rojiblanco. Pero como mínimo le debemos lo mismo que él nos ha dado siempre: respeto. El insulto y el odio no pueden formar parte de la conversación cuando se trata de Simeone.

Insisto: comprendo y puede haber motivos futbolísticos para pedir un cambio en el banquillo -ni entro ni salgo-, pero no logro entender el tono. La crispación hacia Simeone cada noche de derrota crea un ambiente tóxico y hace ver la temporada como una escalada interminable y dura. Da pereza.

En Atlético Stats queremos ser ajenos a este tipo de batallas. Buscamos, de la mejor manera posible, analizar lo que sucede en el césped. Para lo bueno y para lo malo; con nuestras fobias y filias personales. No escapamos a los sentimientos, ni estamos exentos a errores, pero siempre desde una base mínima de respeto, especialmente, con leyendas atléticas.

No soy nadie para convencer o cambiar posiciones tan personales, no lo pretendo. Pero ojalá este texto sirva para lograr reflexionar y que no se normalice el odio, ni una deriva peligrosa.

Seguramente, todos estos párrafos no te hayan servido de nada si estás firme en tus posiciones o hasta si encuentras motivos para el desprecio. No pretendo lograr nada. No soy nadie para ello. En cualquier caso, siento que es necesario reflexionar entre todos. Puede, incluso, que esté exagerando. Pero creo que no deberíamos normalizar el odio dentro de la familia rojiblanca.

Ojalá este artículo caiga en el olvido y estos miedos hayan sido solo un espejismo de una noche de verano. Eso supondría que el Atleti de Simeone vuela, que los resultados fluyen y que todos celebraremos juntos en Neptuno. Allí nos vemos.