Si la derrota contra el Espanyol ya fue un revés durísimo por lo inesperado —según lo que estaba dictando el césped—, este pinchazo en casa ante el Elche sienta como un atropello, como una invitación directa a la UCI. Lo que debía ser un inicio idílico —Espanyol y Elche— para el supuesto “nuevo” Atleti, se ha convertido en una pesadilla que, aunque suene fatalista, te deja prácticamente sin margen de error, al menos durante varias jornadas, si se quiere mantener la esperanza de pelear por LaLiga.

LA PRIMERA PARTE... Y EL BALÓN PARADO OFENSIVO

Simeone apostó por Sorloth para sustituir a Baena, lo que implicó que Julián cambiara su rol y actuara como ‘10’. Además, Johnny y Barrios coincidieron por fin en el campo.

Encontrarse con el gol antes que con el juego, como hizo el Atleti en el minuto 8 tras la formidable asistencia de Hancko y la buena definición de Sorloth, era un regalo que había que aprovechar. Nada más lejos de la realidad.

Aunque es cierto que el propio Sorloth y Giuliano tuvieron opciones de poner el 2-0 (o el 2-1, ahora comentaremos el gol del Elche), la superioridad con la que el equipo de Eder Sarabia ejecutaba su plan llegó a ser sonrojante por momentos.

¿De qué sirve tener mejores perfiles para presionar si, ante un equipo que utiliza a su portero como un tercer central, no te atreves a ir a por él? El Elche —un recién ascendido, no está de más repetirlo— durmió el partido, defendió con posesión y desconectó al Atleti quitándole la pelota.

Volviendo al gol del conjunto ilicitano, nace de un saque de esquina a favor horriblemente ejecutado. Luego hay una transición rival que supera tu mal repliegue defensivo y decisiones individuales difíciles de justificar: la no temporización de Llorente —debió evitar el pase a Rafa Mir— y la inexplicable colocación de Oblak —otra para la colección—.

El Atleti dispuso de diez saques de esquina a favor... y a los puntos fue más peligroso para su propio arco que para el rival. Resulta alucinante y anticompetitiva la sensación de improvisación que transmite el equipo en esta faceta, una de las más importantes en el fútbol actual. Y esto no es nuevo: lleva años ocurriendo.

En un mismo partido puede haber tres o cuatro lanzadores distintos. Y los "movimientos" de los rematadores... basta compararlos con los del Arsenal —élite en jugadas a balón parado— para evidenciar que es sonrojante la diferencia de preparación en este aspecto.

¿Qué hace la parte del cuerpo técnico que se encarga de esto? Es evidente que la actual no funciona, que hay un margen para la improvisación que no está dando réditos al equipo en un aspecto del juego que debe ser importante —ayer podría haber sido síntoma de tres puntos—.

UNA SEGUNDA PARTE INSUFICIENTE... DONDE LAS INTERVENCIONES DE SIMEONE VOLVIERON A RESTAR

Llegó el descanso, y al menos para quien escribe, fue una buena noticia. Era difícil entender cómo le costaba tanto al Atleti superar al equipo de Eder Sarabia, pero lo lógico era pensar que los ajustes permitirían exhibir esa supuesta superioridad que, ante un recién ascendido, debe aparecer once veces de cada diez —y no, no es un error en los números—.

Pero el Atleti terminó haciendo, a los puntos, una segunda parte totalmente insuficiente. No hubo ajustes claros, más allá de que la urgencia por momentos permitió presionar algo mejor, y que al Elche le empezó a pesar el resultado, el cansancio y la precaución ante las urgencias del Atleti. La circulación ofensiva, salvo cuando pasaba por Hancko y Almada, seguía siendo lenta, previsible y sin mordiente.

Y justo cuando el equipo encadenaba algunos minutos positivos —gracias sobre todo a las rupturas de Barrios entre el carril central izquierdo y el lateral—, llegó el momento Simeone... y el desastre, otra vez.

https://x.com/atletico_stats_/status/1959338692637790502

Permítanme salirme un segundo del análisis puntual para una reflexión:

En el fútbol actual, cada vez más igualado y cambiante, las lecturas e intervenciones durante el partido son muchas veces más importantes que el plan inicial.

La mayoría de equipos son camaleónicos en lo táctico, por lo que la figura del entrenador debe ser decisiva. Y la carta de Simeone volvió a ser perdedora.

Supuestamente, o eso entendimos muchos, Simeone había aprendido en Cornellà sobre los cambios: tanto por la precipitación como por el perfil de jugadores elegidos. Pero es preocupante hacer tres cambios a la vez... y no solo no acertar con ninguno, sino restar.

Griezmann y Raspadori volvieron a evidenciar que juntos son una suma intrascendente. No generan peligro, no se asocian, no desequilibran. Son dos jugadores que, en el mejor de los casos, aspiran a un seis. Y de un revulsivo esperas un notable.

Además, decidió quitar a Almada —sorprendentemente, el equipo volvió a empeorar sin él; espero se entienda la ironía— y a Sorloth, cuando restaban solo veinte minutos y el partido pedía claramente simplificar: centros laterales, amenaza directa en el área... algo que el noruego iba a ofrecer solo con su presencia. En definitva, Simeone quitó al jugador que más cerca estaba de tener 'la ocasión'.

Y por si fuera poco, el ingreso de Gallagher por Johnny significó retrasar a Barrios a ser pivote defensivo, justo cuando estaba siendo el jugador más peligroso en ataque.

¿Acaso es obligatorio hacer los cinco cambios? ¿Por qué repetir la apuesta por Griezmann y Raspadori tras el desastre en Cornellà? ¿No era el partido perfecto para Koke, con su capacidad de último pase, ante un bloque cada vez más bajo?

JUGADORES SEÑALADOS

Esto es el Atlético de Madrid. El margen de error es mínimo y la exigencia debería ser máxima.

Al igual que Hancko estuvo fantástico —MVP del partido—, Le Normand volvió a parecer un 'caramelo' a la salida de un colegio para los delanteros ilicitanos. Además, su aporte en salida de balón fue nulo. Duro decirlo, pero Robin está empezando a ser un problema en ambas fases del juego.

Giuliano Simeone volvió a ser la nada, y eso es algo que no puede permitirse. Por comparar: Marcos Llorente puede estar más o menos acertado, pero jamás desaparece. Su rebeldía en el tramo final —presionando, recuperando, intentando romper líneas con diagonales— es el ejemplo de lo que debe ser la actitud de un jugador del Atlético ante momentos difíciles.

Incluyo también a Julián. No pasa nada por decirlo: en estos contextos debe echarse al equipo a la espalda, ser más individualista que asociativo, tener la intención de ganarlo por sus... ya sabéis.

Y evidentemente, Griezmann y Raspadori. Con el italiano no queda otra que tener paciencia, aunque es difícil mostrar menos en tus primeras apariciones. Lo de Antoine como revulsivo empieza a ser un suicidio inexplicable. Un revulsivo debe querer impactar, y el lenguaje de Griezmann —tanto futbolístico como corporal— transmite ritmo y ambición de exfutbolista.

¿Análisis excesivamente duro? Puede ser. Pero mirar hacia otro lado nunca debe ser el camino.

El Atlético de Madrid no puede permitirse dar esta imagen en casa ante un equipo como el Elche. Y si vienes de una derrota, mucho menos.

Os dejamos con un vídeo sobre Simeone y sus decisiones en estas primeras dos jornadas: