Hace un par de semanas se confirmó la llegada de Giacomo Raspadori y, por ende, la dolorosa afirmación de que la plantilla estaba cerrada salvo sorpresa de última hora. No sé si ha sido una sorpresa para los aficionados el arranque rojiblanco en liga, pero lo preguntábamos en uno de los muchos debates que surgieron hablando de las últimas semanas de mercado: ¿qué pasará si el Atlético no empieza bien la temporada? Tres partidos antes del final del mercado -Espanyol, Elche y Alavés- y, de momento, solo un punto de seis posibles, peor arranque liguero de Simeone y muchas dudas.

Obviamente, hay muchas preguntas que responder. Ya hemos hablado largo y tendido de Simeone y sus errores en estas dos primeras jornadas, así que vamos ahorrarnos insistir en ese tema. Es momento de analizar cómo ha sido el trabajo de Carlos Bucero y la dirección deportiva del Atlético de Madrid en este mercado de fichajes. Una montaña rusa de emociones con sus cosas buenas y sus cosas malas. El verano en que me enamoré y desenamoré. La nota final tendrá que esperar al 1 de septiembre.

Estoy seguro de que Bucero hubiese estado muy satisfecho si le hubiésemos tenido que puntuar unas semanas antes de cerrar el mercado. Antes de la llegada de Raspadori, todo era optimismo e ilusión dentro de la hinchada del Atlético de Madrid. ¿Qué ocurrió para llegar a ese momento de felicidad? El Atlético fichó pronto cubriendo las necesidades que hasta el más ciego llevaba tiempo viendo. La banda izquierda renovada al completo con Ruggeri, Baena y Thiago Almada, la llegada de un central zurdo de primer nivel como Hancko, un lateral derecho suplente para Llorente como Pubill y el ansiado mediocentro que Simeone lleva una vida añorando: Cardoso. Era sorprendente, pero se estaba actuando con mucha coherencia. Más allá de los nombres, en los que siempre habrá diferentes gustos, el Atleti estaba moviéndose como haríamos nosotros si llevásemos una partida del Football Manager.

Entonces, ¿qué pasó? ¿Por qué ha cambiado tanto la sensación del aficionado respecto al mercado?

Se dejaron de hacer las cosas con coherencia para empezar a moverse sin mucho sentido.

Muy Atleti, por desgracia. Cuando todos esperábamos que el siguiente movimiento sería dar salida a Nahuel Molina o Gallagher, traer otro mediocentro para suplir a RDP (más aún con la lesión de Barrios), fichar a un extremo regateador que haga competencia a Giuliano... se hizo lo contrario o se dejó de hacer dando por hecho que el trabajo estaba completado. El séptimo fichaje fue Giacomo Raspadori, que no entraba en ninguna de las quinielas, ni cubría ninguna de las necesidades reales que quedaban en la planificación. Nahuel tiene pinta de que se quedará, Gallagher también y las carencias que había, siguen estando. Y, por si fuera poco, un puntito de seis frente a Espanyol y Elche. ¿Dónde quedó la hoja de ruta que parecía perfecta? ¿Dónde están los 200 millones de inversión?

Todo esto me recuerda a cuando voy a Marbella en verano y veo una mansión lujosa que está cerca de terminar de construirse, pero que notas que los obreros llevan sin ir un tiempo y que no tiene pinta de que vayan a volver. Lo que pudo ser y no fue. Nunca sabremos qué habría pasado si Bucero y compañía hubieran seguido actuando con coherencia, moviéndose en el mercado con lógica e incorporando las piezas necesarias que todos vemos que faltan. Lo que sí sabemos es que todavía quedan unos días y, quién sabe, lo mismo alguien se da cuenta de que no tiene sentido cerrar el mercado con la mansión a medias.

Te animo a disfrutar de cuarenta minutos de vídeo hablando de este tema con Adrián Barrios y Alejandro Cristino. No tiene desperdicio.