Si hay algo que destacar en este abrupto inicio de temporada del Atlético de Madrid, es el extraordinario estado de forma de Marcos Llorente. Impulsado por su regularidad, se ha convertido en un futbolista incombustible en la banda derecha, donde ha disputado de manera íntegra los últimos 25 partidos. No descansa desde marzo, cuando fue suplente en la visita del Athletic Club de Bilbao al Metropolitano.

Desde entonces ha acumulado 2.250 minutos, de los cuales 630 corresponden a la presente temporada, repartidos en 7 encuentros (6 de LaLiga y 1 de Champions League). Junto con Oblak, es el único jugador que ha disputado todos los minutos oficiales hasta la fecha.

Lo más llamativo de este inicio de curso es su impacto ofensivo: ha participado directamente en 4 goles en los últimos 4 partidos, la misma cifra que había alcanzado en sus anteriores 36 encuentros. Su buen momento comenzó en la primera victoria del Atleti esta temporada, ante el Villarreal, donde asistió a Nico González en su debut. Solo tres días más tarde, en Anfield, ofreció una actuación deslumbrante con un doblete que confirmó su crecimiento en confianza.

En Mallorca volvió a ser protagonista: una carrera a la espalda de la defensa bermellona terminó en un disparo detenido por Leo Román, pero Gallagher cazó el rechace para marcar. Y en el último duelo frente al Rayo Vallecano, Llorente repitió fórmula: un centro lateral desde la derecha que acabó en golazo de Julián en el segundo palo.

Su partido vs Rayo

Ante el Rayo Vallecano, Llorente volvió a rendir a un nivel sobresaliente. Lo curioso es que, con la titularidad de Nahuel Molina, parecía que jugaría más cerca del área —y lo hizo por momentos—, pero en realidad pasó buena parte del encuentro como central por derecha. Todo indicaba que Simeone lo colocaría por delante de Molina, en una posición más ofensiva, para aprovechar su olfato goleador mostrado en Anfield y en el breve tramo en Son Moix tras la expulsión de Sorloth.

Sin embargo, el esquema rojiblanco le permitió proyectarse en ataque. Con Molina actuando en fase ofensiva casi como mediapunta derecha —zona que suele ocupar Griezmann—, se producían constantes desmarques que obligaban a Pep Chavarría a retroceder. Ese movimiento liberaba espacios en banda que Llorente aprovechaba llegando desde posiciones más retrasadas.

En la segunda parte, a falta de diez minutos y con el Rayo por delante en el marcador, Simeone movió el banquillo: Ruggeri entró como carrilero izquierdo y Pubill como central diestro, lo que desplazó a Giuliano al carril derecho y situó a Llorente junto a Pablo Barrios en el mediocentro. Desde esa posición central aportó equilibrio y empuje, ayudando a que el equipo terminara dándole la vuelta al partido.

Una vez más, el madrileño firmó números notables en la remontada colchonera: 3 ocasiones creadas, 113 intervenciones con balón, 85 pases completados, 2/3 en regates y 6 recuperaciones, además de la asistencia en el primer gol de Julián.

¿Dónde debe jugar?

La polivalencia de Marcos Llorente es un tesoro para Simeone. Ha demostrado en los últimos cuatro partidos que puede generar peligro desde cualquier posición y que se adapta con naturalidad a los cambios de rol que exige el contexto. Es un comodín en ataque, pero también una garantía en defensa.

Molina, pese a sus virtudes ofensivas, sufre en tareas defensivas, y aunque Pubill ha dejado buenas sensaciones en los minutos que ha tenido, todavía debe consolidarse. Por ello, no sería extraño que, si Simeone se decide a apostar por Pubill, Llorente tenga un papel cada vez más ofensivo. A largo plazo, podría convertirse en una de las piezas más decisivas del equipo tanto en facetas creativas como en finalización.

Un futbolista infravalorado

En ocasiones, la figura de Marcos Llorente pasa más desapercibida de lo que debería. No acapara tantos focos como Julián o Griezmann, pero su valor radica precisamente en lo que no siempre se ve a primera vista: la competitividad, la determinación y esa capacidad de crecerse en los momentos más difíciles, justo cuando otros se hacen pequeños. Es el tipo de futbolista que sostiene al equipo en silencio, que siempre aparece con buena cara y nunca se esconde, incluso en escenarios adversos. Por eso, merece ser reconocido no solo como un jugador polivalente o incansable, sino como una pieza esencial para entender lo que ha sido, es y quiere ser este Atlético de Madrid.