Podemos hablar, aunque todavía sea presente, de que la historia en general de Griezmann con el Atleti es inolvidable. Si es el mejor jugador de la historia del club es subjetivo; que es el máximo goleador es una tremenda realidad; y que va a ser prácticamente imposible que se supere ese registro, una creencia bastante lógica. Pero hablar de Griezmann y el Atleti supone ir más allá de lo futbolístico.

PORQUE AMORES QUE MATAN NUNCA MUEREN

Don Joaquín Sabina escribió una obra de arte en forma de canción, y se me ha venido a la mente al recordar la trayectoria futbolística y emocional de Griezmann en el Atlético de Madrid.

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Recuerdo el verano de 2014, cuando se oficializó su fichaje. Y su primer gol en una noche aciaga de Champions en Grecia —derrota contra el Olympiacos—. Pero, sobre todo, recuerdo la sensación de, sin darme cuenta, ya estar enganchado a él. A su manera de jugar —ha habido muy buenos jugadores, pero pocos tan bonitos como Antoine—, pero también a su carisma.

Griezmann es ese tipo de persona que transmite hacer mejor cualquier entorno solo por estar él. Y me he atrevido a hablar de lo que me pasó porque creo que es algo bastante general. Poder decir “tenemos a Griezmann” era una de las frases que más satisfacción daba al aficionado del Atleti.

Fue inevitable engancharse a Griezmann. Y por eso dolió tanto cómo gestionó su posible marcha en el verano de 2018 y su marcha definitiva en el de 2019. Y cuando todavía muchos no habíamos superado el duelo... volvió. Y aquí estamos.

BONITO COMO UN GOL DE ANTOINE

Cuando Griezmann finiquitaba, en su gol doscientos, una jugada asombrosa de Julián para hacer el 3-0 ante el Eintracht y Koke se quedaba el balón para guardarle tan inolvidable recuerdo, me fijé en cómo sonaba en la grada la celebración; también en las caras de la gente al celebrarlo. Y por ello me vino este titular. En la historia de Griezmann y el Atleti ha habido subidas al cielo; y lógicamente, cuando subes al cielo, la caída puede ser más dolorosa.

Pero hay algo indudable: un gol de Antoine siempre es diferente. Cuando te quieres dar cuenta... ya tienes la sonrisa tonta puesta en la cara. Y ya no hay manera de disimularlo.

Aquel remate de cabeza ante el Barcelona para pasar a semifinales de la Champions, su doblete en la final de la Europa League ante el Marsella (2018), aquella cabalgada en el Emirates para ayudar a dar el pase a la final anteriormente mencionada... y así podríamos seguir doscientos veces más.

Pero, más allá de los goles, insisto: servidor siempre se quedará con lo que significa un gol de Antoine Griezmann.

¿Cuántos quedarán? Veremos. Hasta entonces, disfruten. Porque el amor intenso siempre hay que disfrutarlo.