Thiago Almada salvó que el Metropolitano viviera las sensaciones de lo que representa jugar un partido fuera de casa. El del Atleti fue el típico partido bien jugado a domicilio que luego nunca tiene premio, pero en el Metropolitano todo sale cara.

Entre Giuliano cocinando la jugada y Thiago Almada regresando tras lesión con gol para estrenarse como goleador consiguieron revivir el plan B de Simeone que tantos frutos dio la temporada pasada. Giuliano hizo medio gol y Almada solo tuvo que poner el pie, pero para pie… el que poco después salvó el partido, el de Jan Oblak que ya necesitaba una parada salvadora para recordar que todavía está muy vivo. Contra todo pronóstico y cuando el encuentro parecía abocado al desastre, todo salió bien en una temporada que nos tiene acostumbrados a que todo salga en el camino contrario.

Más allá de los nombres, lo que volvió fue el juego y el pressing colectivo. Este nuevo Atleti ha llegado para quedarse. Jugó como un bloque, con ritmo, con paciencia y con la sensación de que todos sabían qué tenían que hacer. En esa dinámica, Baena fue uno de los más destacados. Simeone lo colocó de interior izquierdo y respondió de maravilla: presión alta, criterio con balón, llegada… incluso marcó un gol que solo para Figueroa Vázquez desde el VAR y De Burgos Bengoetxea en el campo parecía tener una explicación que a muchos se les escapa. Fue una de esas decisiones que te dejan mirando la pantalla sin entender nada…

Y otra buena noticia: Giménez volvió a jugar los 90 minutos. Ya no es solo cuestión de ritmo físico, es que se le ve con confianza, con liderazgo, con esa calma que contagia a todo el equipo. Es fundamental que recupere ese nivel, porque cuando está bien, el equipo juega con otro pulso. Y para sorpresa de nadie, vuelta del uruguayo y vuelta a la portería a cero, la segunda de la temporada.

En resumen: victoria trabajada, sensaciones positivas dentro de un partido que pudo acabar en drama y tres puntos que permiten pensar en el Arsenal con otra cara.