¿Y ahora qué? La llegada de Apollo Sports Capital al Atlético de Madrid abre un periodo de incertidumbre, al menos, entre los aficionados. Nadie sabe qué va a suceder. Lo que sabemos es que entra un gigante del mundo de los negocios y ahí se abren esas incógnitas que llenan de dudas, pero también de ilusiones. O así debería ser.

¿La llegada de este gigante supone el desembargo de grandes cantidades de dinero para fichajes? ¿Nos vamos a convertir en el Valencia de Lim? ¿Vamos a perder nuestra identidad completamente? ¿Apollo nos va a llevar a poder competir de tú a tú a gigantes europeos sin necesidades de milagros en el banquillo? ¿Quién va a venir después cuando Apollo venda sus acciones (55%) al tratarse de un fondo de inversión que busca rentabilidad? ¿Cómo se va a lograr esa rentabilidad? ¿Qué mejoras va a poder disfrutar directamente el aficionado rojiblanco?

Son dudas legítimas que imagino que tendrán los atléticos. Yo las tengo. Tengo ese miedo, aunque creo que la deriva del Atleti va camino de la seriedad y de la estabilidad. Algo que se aprecia en la continuidad de Diego Pablo Simeone, las llegadas de Álex Baena o Julián Álvarez, la recuperación del escudo o el aterrizaje de figuras directivas de reconocimiento como Mateu Alemany u Óscar Mayo.

Si los cambios llegan rodeados de gente que transmite confianza todo es más sencillo. Es como cambiar de instituto o barrio con tu mejor amigo. Así es más fácil. Yo desconozco hacia dónde irá el Atleti en el futuro, pero quiero creer que hacia la senda del crecimiento. No hay marcha atrás y no tendría sentido cuando lo que te revaloriza el club es la inversión en la plantilla y en la modernización.

La nueva propiedad tiene que entender que la afición del Atleti es orgullosa y cuida y respeta su historia y sus tradiciones.

La nueva propiedad tiene que entender un mensaje: la afición del Atleti es orgullosa, es rebelde y le gusta combatir de tú a tú contra equipos que son más poderosos y, sobre todo, cuida y respeta su historia y sus tradiciones. Hacer lo contrario sería entrar como un elefante en una cacharrería.

Por ello, el futuro tiene que ir de la mano de mejoras que se aprecien en el campo (que no se olvide que es un club de FÚTBOL y el próximo verano es de los importantes) y que lo palpen los aficionados (pese a ser una empresa, el Atleti y los equipos de fútbol son más movimientos sociales que empresariales). Sin la afición no hay Atleti; sin mejoras deportivas no hay Atleti; sin respeto a nuestra historia no hay Atleti. Algo a grabarse a fuego.

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