Tal vez en esta vorágine de partidos y, por ende, de crónicas, estamos obviando que al Atlético de Madrid le han obligado a no poder ganar sin infartar, y todavía el resto no lo sabemos. Simeone apostaba por un XI donde solo Le Normand, Antoine y Johnny podrían ser titulares en un contexto de Liga o Champions si estuviese toda la plantilla disponible.

PINTABA BONITO...

Me atrevería a decir que los primeros 25' del Atlético de Madrid son sorprendentemente buenos. Viendo lo que les ha costado a prácticamente la totalidad de primeras ante equipos de inferiores categorías, posiblemente uno de los mejores ratos de todos los equipos de la Liga. Ritmo en las combinaciones, con los centrales exteriores cogiendo altura; Almada y Gallagher muy cerca de la frontal; Raspadori y Antoine intercambiando apoyos con rupturas y mezclando muy bien entre ellos... y, sobre todo, una destacable presión tras pérdida. Cuando Johnny está pudiendo ser titular en detrimento de Koke, Simeone suele optar por un equipo más activo en ir alto a los primeros segundos tras la pérdida. El estadounidense estuvo muy concentrado en las vigilancias para saltar a ejecutar esta presión de la que hablamos, lo cual permitió al Atleti pasar más y mejor tiempo en campo contrario durante ese tramo.

Vino el primer gol de Antoine tras una gran acción de Gallagher; y, a los pocos minutos, Raspadori remató a la perfección un centro de Nahuel. Obligatorio detenerse en el partido de Jack, porque fue bastante notable en lo futbolístico, pero también en lo competitivo. El italiano, en las pocas oportunidades que está teniendo, demuestra que es un futbolista fino en lo combinativo, inteligente en sus movimientos sin balón, con piernas y esfuerzo para ser óptimo tanto en la presión como en el repliegue... Una pena que ese buen futbolista juegue en la posición más poblada de la plantilla, y no se le pueda transformar en lateral izquierdo, centrocampista o extremo regateador.

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Volviendo al encuentro, cuando parecía, viendo la gran actitud con y sin balón del Atleti, que el partido podía pintar a goleada... desastre progresivo.

Y FUE TERRORÍFICO

Todo comenzó —finjan sorpresa— en una acción a balón parado. El Atlético Baleares prácticamente calcó el segundo gol del PSV en Eindhoven. Le están haciendo un daño tremendo este tipo de acciones a los de Simeone: centro al primer palo, no ganas ese primer balón, y la prolongación del rival al segundo palo siempre acaba en gol o susto porque hay despistes tremendos, individuales y colectivos, en esa segunda acción. Encontró el conjunto local, antes y sobre todo a continuación, una grieta constante en Le Normand, Nahuel y Carlos Martín que no fue capaz de cortar el Atleti durante el resto del partido.

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Se podía esperar que el intermedio sirviera para que el conjunto rojiblanco asentase el golpe y volviese a ser lo tremendamente superior que fue en esos primeros veinticinco minutos. Pero... nada más lejos de la realidad. El Atlético de Madrid dejó de presionar, se desactivó completamente en los duelos, no tuvo personalidad para calmar el éxtasis local con alguna posesión defensiva —tremenda desaparición progresiva de Almada en el partido—, sufrió lo indecente en todos los centros laterales, segundas jugadas y balón parado... Ni el 1-3 de Antoine tras robo y asistencia de un ejemplar Javi Galán cambió el sino del encuentro: el Atlético Baleares siguió siendo muy superior —pese a cierta mejoría con la entrada de Barrios y Koke— y Musso tuvo que demostrar que es mucho portero con una frecuencia totalmente injustificable. El portero argentino, además de parar el primer penalti, estuvo imperial en los mano a mano —qué manera de achicar y de intervenir con las piernas— y salvó al equipo de la prórroga con una estirada imperial a un gran remate de cabeza de Gerardo.

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Al final, la victoria, pese a ser terrorífica y evidentemente sufrida, es victoria al fin y al cabo, y es con eso con lo que hay que intentar quedarse. Pero hay jugadores de la segunda unidad, como Nahuel Molina, Le Normand o Almada, que por nombres deberían ser garantías competitivas y que salen señalados de un encuentro, pese a la victoria, para olvidar en tres, dos, uno... ya.