Tras el bajón del partido en Turquía y con muchos focos inconscientemente despistados hacia el vital duelo del miércoles ante el Bodo, afrontaba el Atlético de Madrid uno de esos encuentros que se definen como “tramposos”. Y precisamente no suelen ser los de Simeone un equipo que rehúya bien las trampas, pero digamos que esta vez hicieron el mejor partido que podían hacer, teniendo siempre en cuenta su actual momento de la temporada.

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Con la novedad de Giménez, que volvía a un once cincuenta y cuatro días después, Simeone puso en liza al que posiblemente veamos como once tipo en estos momentos. Recuperaba Baena su puesto en el once titular, aunque volvió a destacar… pero negativamente. Dejando dicho, porque es evidente, que el jugador no está bien, es cierto que quizás contra el Mallorca fuese “víctima asumida” del planteamiento. El Atleti, en fase ofensiva, usaba a Hancko de central exterior o lateral interior, por lo cual generalmente Álex Baena se quedaba pinchado en banda como si fuese un extremo. Siempre hemos dicho que Baena es un jugador interior —mediocentro de tercera altura, media punta o segundo delantero— disfrazado de banda izquierda. Iniciar pero acabar no estando, pero no iniciar y acabar como generalmente fue contra el Mallorca.

Por contra, lo que fue una incomodidad asumida para Baena fue todo lo contrario para un Llorente que pudo lanzarse más al ataque, generalmente encargándose de la amplitud y de la profundidad, siendo junto a Giuliano una doble amenaza muy ofensiva en el posicionamiento de ambos para el sector defensivo izquierdo del conjunto bermellón. Analizada la vertiente ofensiva que significó la entrada de Giménez, el desplazar a Hancko a la izquierda y, por ende, la suplencia de Ruggeri, el análisis defensivo es más simple: son cuatro defensores espectaculares desde los que cimentar la estructura puede ser muy conveniente. Quizás Giménez es el más diferente —o el menos moderno—, pero su experiencia, contundencia y gusto por sufrir defendiendo casan a la perfección con la velocidad y valentía en los duelos y en el defender hacia adelante de Llorente, Pubill y Hancko.

Especialmente meritorio lo de “Markus”, al que le han tocado en cinco días dos exámenes tan difíciles y diferentes como son Osimhen y Muriqi, pero en ambos ha sido una auténtica barbaridad cómo se ha impuesto, evidenciando —por si alguien tenía alguna duda— que mucho tienen que cambiar las cosas para que no estemos ante un defensor de los que deberían marcar una época.

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Fue un buen primer tiempo del Atleti, cómodo y preciso con balón, y con un evidente punto más de peligro en esas combinaciones, en parte por disponer de un mejor Julián. Aun siendo cierto que no estuvo cerca del gol, me atrevo a asegurar que, si repite este partido contra el Bodo, el gol llegará: interpretó bien los espacios libres, mezcló asociaciones cortas con otras más progresivas, estuvo muy activo en el tercio final y fue un quebradero de cabeza tremendo para la defensa del Mallorca, tanto en su manera de presionar como en su inteligencia y fortaleza en los duelos. Este es el camino.

Sørloth marcó ese gol fácil por buen posicionamiento en el área que pocas veces marca y que tanto le reclamamos. Más allá del gol, su actuación individual ante defensas centrales incómodos como Valjent y Raíllo volvió a ser notable, evidenciando que es difícil imaginar un Atleti actual sin su presencia en el once titular. Con el pasar del segundo tiempo, más importancia aún fue cogiendo ese 1-0 del noruego, porque rebajó el Atleti su nivel respecto a la primera parte. Simeone introdujo a Almada y otra vez a Le Normand, volviendo a modificar las posiciones de Pubill y Llorente en el durante del segundo acto.

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Cuando el partido iba acercándose, en su tramo final, a parecerse al anterior de locales ante el Alavés, precisamente Pubill y Llorente sorprendieron con una gran combinación por la derecha que acabó suponiendo el gol en propia puerta de David López. Y todavía quedaba premio para que el Almada revulsivo, que estaba generando cosas muy interesantes cada vez que intervenía, hiciera su tercer gol con la rojiblanca —todos desde el banquillo y en el Metropolitano—. El argentino firmó uno de los mejores goles de la temporada del Atleti en cuanto a jugada individual, evidenciando una vez más que, aunque a veces tenga momentos irregulares y pérdidas en campo propio a corregir, tiene un tipo de talento que no tiene ningún otro jugador de la plantilla, por el cual merece la pena invertir.

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Portería a cero, decimotercera victoria consecutiva como locales en el Metropolitano, tercer puesto recuperado y optimismo de cara al partido ante el Bodo. Pedirle más a este partido era irreal. Ahora toca soñar con el “topocho”.