No se esperen un análisis exhaustivo futbolístico de lo que pasó en el Camp Nou. Me permito la licencia de confesaros que posiblemente decida no ver el partido repetido; quiero quedarme con el recuerdo del vaivén de emociones en el Brindis, de llorar de sufrimiento tras el 3-0 y de alegría tras el pitido final. Y de que va a ser la primera final del Atleti desde que está Atlético Stats. Disfrutar de ese día con Óscar, Barrios, Marco, Gabri, Hermelo, Víctor Molina, Mario, Sergi, Edu, Marín...

Porque eso es el Atleti. No es momento de pensar en “casi nos remontan”, sino de imaginar con quiénes vas a ver uno de los partidos más bonitos del año, de disfrutar del proceso, de vivir. Yo siempre digo que sentir el Atleti es “casa”. Y esa sensación de casa la quiero para toda mi vida.

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Nunca olviden de dónde vienen. Yo siempre digo que me enamoré del Atleti cuando estaba en Segunda División; y que ese enamoramiento lo reforcé cuando, pese a deambular tras el ascenso por todos los campos de Primera, allí iba ese niño a pelearse con toda la clase por su Atleti. No hay títulos mejores o peores; solo hay disfrutar del Atlético de Madrid en una final.

Seguramente, el once que todos esperábamos y veíamos lógico, más allá de la duda entre Sorloth y Lookman. El 1-5-4-1 en fase defensiva también era previsible; funcionó en la ida y seguramente sea la estructura con la que más cómodo se siente Simeone en este prototipo de partidos. Hasta el minuto 30, momento del primer gol del Barça, el fallo estaba en que, en fase ofensiva, nadie, salvo un inspiradísimo Griezmann, estaba entendiendo el partido; porque, en lo defensivo, más allá de algún error puntual en salida, el Atleti estaba defendiendo bien e incluso el Barcelona estaba abusando de unos centros laterales que el equipo estaba contrarrestando de manera óptima.

Tras el gol inicial del Barça —es increíble que estemos en marzo y el Atleti siga siendo un horror de tales dimensiones en las acciones a balón parado defensivas—, el Atleti supo aprovechar ese nivel de Griezmann como lanzador para generar situaciones de transición peligrosas. De hecho, el 2-0 con el que acabó el primer tiempo viene a continuación de una gran jugada que debió haber materializado en gol Lookman.

Al descanso esperábamos una reacción... que no llegó. Además, tampoco bajó el nivel el Barcelona. Recuerden: al fútbol juegan dos equipos y el que había enfrente es de absoluta élite. Los primeros cambios no surtieron el efecto deseado, más allá de que tanto Koke como Lookman estaban pidiendo a gritos ser sustituidos. Cuando en el minuto 72 el Barcelona hizo el 3-0, hay que reconocer que era difícil no ponerse en lo peor, porque uno de los principales hándicaps del Atleti últimamente ha sido no saber resistir cuando estaba en la lona.

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Tocaba resistir... y el Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone, de repente, se acordó de que eso es algo que ellos mismos inventaron. Era el momento de partido más difícil, donde me atrevo a decir que lo lógico hubiese sido incluso que cayese el cuarto gol a favor de los de Flick. Esperanzador cómo supo resistir Johnny en ese tramo; Musso; la energía y la competitividad de Llorente; Griezmann para todo y para todos en uno de sus partidos más meritorios y emocionantes con unos colores a los que espero que no falte en los próximos días; el aire que dio Álex Baena en varias transiciones que, pese a no acabar en gol, fueron clave para respirar. Y cómo no... Josema Giménez. En un momento crítico a nivel deportivo, tuvo que entrar en una situación de urgencia y su rendimiento se define en que, sin el uruguayo, quizás no estaría haciendo esta crónica.

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Permítanme decirles dos cosas:

  1. Recuerden que, en una eliminatoria, cuentan los dos partidos. Parece que el Atlético de Madrid tiene que pedir perdón por pasar a una final pese a perder el partido de vuelta. El mejor equipo de esta eliminatoria ha sido, indiscutiblemente, el Atlético de Madrid del primer tiempo en el Metropolitano. Se siente.
  2. DISFRUTEN del proceso. Os lo ruego. El privilegio de ser del Atlético de Madrid no hay que entenderlo, hay que sentirlo.