No pasa nada por reconocer que, en lo emocional, la vuelta de los cuartos de final de la Champions contra el Barcelona ocupa toda la atención, ya no solo del club en particular, sino del aficionado en general. Por ello se celebró el once de Simeone, porque de repente generó unos alicientes que el partido no traía consigo.

Boñar, Rayane Belaid y Dani Martínez debutaban, y Julio sumaba su segundo partido, como también hicieron Morcillo y Jano en la segunda parte. Musso fue capitán —aunque Pubill era el “falso” capitán para dirigirse al colegiado durante el partido—. Los primeros diez minutos fueron difíciles para los de Simeone, ya que, lógicamente, el equipo, al no conocerse, necesitaba tiempo para ir yendo a más progresivamente. La necesidad del Sevilla, que comenzaba el encuentro en puestos de descenso, era bastante notoria. Isaac Romero estuvo tremendamente vivo para provocar el penalti de Dani Martínez, el cual transformó Akor Adams, pese a que Musso estuvo a punto de detenerlo.

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Reaccionó de manera meritoria el Atleti. Vargas y Mendoza empezaron a participar más y mejor, permitiendo al equipo instalarse en campo contrario y sumar ataques posicionales. En esos instantes, Julio y Boñar ya empezaron a demostrar que sus características ofensivas son de jugadores de Primera División. Y en el minuto 35 llegó una jugada que perdurará en el tiempo, de bastante más importancia que un resultado intrascendente. Julio entendió muy bien cuándo y cómo aparecer para doblar a Almada, y puso un centro delicado, precioso y preciso al segundo palo, donde llegaba Boñar para poner el 1-1 con un fantástico remate de cabeza. Un lateral con aptitudes de atacante, como demuestra constantemente en los campos de Primera Federación. Si ya el gol era inmejorable, por ser de canterano a canterano e incluso por la plasticidad del tanto, lo mejor vino después: ¿quién no ha imaginado cómo sería un gol con el Atleti? ¿Y en cuántas de esas imaginaciones había una celebración tan emotiva? Boñar marcó y celebró el gol del aficionado rojiblanco, porque es uno de los nuestros.

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Al filo del descanso llegó el 2-1 de Gudelj a balón parado. Nada nuevo ni mucho menos sorprendente: si pasa con los jugadores habituales, era totalmente previsible que ocurriese con un once tan circunstancial. Una pena porque, recalcamos, la reacción del equipo había sido muy meritoria. Vargas, Julio y Boñar habían liderado al equipo en el primer tiempo, pero debía llegar el momento de Sørloth, Almada y Baena… y nada más lejos de la realidad. El noruego volvió a ser la nada, desconectado del equipo y sin poner en problemas a una pareja de centrales que, a buen seguro, habría sufrido si la activación del delantero hubiese sido otra. Baena alternó acciones buenas con otras imprecisas y mostró una tremenda falta de impacto en las zonas donde debería hacerse fuerte. Y Almada acabó desesperando por su nula comprensión de lo que requerían las acciones ofensivas. Pese a que tuvo alguna acción positiva en el mejor momento colectivo del primer tiempo, la muestra definitiva vuelve a evidenciar que está lejísimos de los mínimos exigibles.

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El que evidenció precisamente lo contrario fue Vargas. Mientras su compañero en la sala de máquinas, Mendoza, acusó la inactividad y acabó siendo una debilidad en el segundo tiempo hasta que fue sustituido por Morcillo, el mexicano lideró al equipo en actitud, intensidad defensiva, despliegue físico, ritmo y dinamismo con balón. Mientras otros jugadores están desaprovechando las oportunidades, Obed las está devorando con una personalidad que, a buen seguro, no está pasando desapercibida para Simeone. Si la muestra ante el Barcelona en la última jornada de liga fue positiva, este partido en el Pizjuán demuestra que Vargas está para muchísimo más de lo que incluso se podría considerar lógico.

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Por terminar de analizar a los canteranos, hay que reconocer que Dani Martínez fue dejando atrás la desafortunada acción del penalti, dejando algún pase interior interesante e incluso algún buen corte con el Atleti volcado en busca del empate. Quizá Rayane fue el único jugador de los del Madrileño que suspendió o estuvo al borde del aprobado. Incómodo cuando estaba en el sector derecho —quizá habría sido mejor Iker Luque para este rol—, cuando pisó zonas interiores estuvo notoriamente errático en la toma de decisiones. Además, en los duelos contra los defensas del Sevilla fue muy fácil de superar, lo cual posiblemente alerte de que todavía hay margen de trabajo específico para mejorar su rendimiento. No obstante, con tiempo y oportunidades, Rayane Belaid tiene el talento para ser jugador de Primera División y lo acabará demostrando.

Empujó el Atleti en el tramo final, pero no consiguió transformar ese empeño en situaciones claras de gol. Derrota asumible, imagen notablemente meritoria de los jugadores del Madrileño y luces y sombras entre los suplentes del primer equipo.

Vayan preparándose para el martes porque… “beeee”. Perdón, me han interrumpido.