Me dispongo a escribir estas líneas con una única condición: dejarme llevar. No tengo nada pensado; simplemente quiero describir lo que siento y contárselo a la familia rojiblanca que quiera dedicar un ratito de su tiempo a leerme. ¿Quién nos iba a decir, en muchos de los momentos de esta temporada, que íbamos a tener una semana así en pleno ecuador del mes de abril? Aquel empate en Vitoria que culminaba tres jornadas iniciales sin ganar, la derrota en San Mamés, el empate en Mallorca, el traspié contra el Bodo en casa que parecía una fatalidad...

Pero aquí estamos, ante una de las semanas más bonitas que recuerdo para el aficionado rojiblanco. Impone como suena, pero estamos a punto de presenciar el partido más importante de la historia del Metropolitano. Creo que lo es por la dimensión de la competición, la envergadura del rival y las evidentes opciones de jugar unas semifinales de la Champions League nueve años después. Y, evidentemente, sería la primera vez que se jugaría esa ronda en el Metropolitano.

Nunca olvidaré lo que sentí en el Calderón en aquel Atleti 1-0 Barça con gol de Koke. Siempre recuerdo que sentí un terremoto; nunca antes había visto el suelo de un estadio temblar como aquel día. El Barcelona de Flick se juega todo a una carta y seguro que son mucho más peligrosos que, por ejemplo, en el partido de Copa en este mismo escenario de hace algunas semanas. Pero hay algo contra lo que no podrían, y aquí entramos nosotros: si entendemos que jugamos, si nuestras gargantas demuestran que es un partido histórico, no tendrían nada que hacer. Tras tanto sufrimiento, no podemos permitirnos salir del Metropolitano sin agujetas, sin dolor de cabeza y con la voz intacta. Es el momento que nos merecemos y que tanto tiempo llevamos esperando.

Y tras esto... a invadir Sevilla de camisetas del Atleti. La final de Copa es uno de los partidos más especiales a los que se puede llegar, y así debemos entenderlo. El último precedente es inolvidable, pero ir a otra ciudad y convertirla en tu casa es impagable. El aficionado rojiblanco también jugará este partido dentro de La Cartuja, pero diría que es aún más importante que lo juegue fuera desde el primer paso que dé cuando llegue a tierras sevillanas. Porque hay algo que nunca jamás os podrán quitar, y es recordar, años después, haber hecho Atleti de una manera tan duradera y pasional en un día inolvidable.

A buen seguro que muchos de vosotros, como es mi caso, tenéis a alguien en el cielo al que vais a sentir de la mano en esta semana, sintiendo a esa persona más cerca que nunca aunque ya no esté. Entre canción y canción os recomiendo mirar a quien tengáis a vuestros lados, sea un familiar, un amigo o un desconocido al que, en cuanto veáis cómo siente el Atleti, le quitaríais el “des”. Y, como siempre digo, recuerden al niño pequeño que se frustraba con una injusta mediocridad deportiva durante un tiempo excesivamente largo, pero que al día siguiente iba a lucir orgulloso su escudo del Atleti ante una clase llena de compañeros de otro equipo.

Porque lo bonito nunca debe normalizarse, porque lo pasional hay que vivirlo siempre como si fuese la primera vez... y, por si acaso, la última. Esta semana jugamos todos. Sea en el Metropolitano o sea en Sevilla, nos vemos gritando al mundo lo bonito que es ser del Atlético de Madrid.