Compartíamos el dolor como se comparte la fe. Esta frase de una canción de Rufus T.Firefly creo que resume el momento exacto en el que me encuentro y en el que se encuentra el Atleti. Venimos de perder una final de Copa del Rey, de compartir juntos ese dolor, pero ahora tenemos que compartir la fe de llegar a Budapest.

Hay derrotas que no se analizan: se sienten. Y la de la final dolió porque había ilusión (y exceso de confianza). Dolió como duelen las cosas que de verdad importan. La Real Sociedad la quiso más en ese momento y se la llevó. Así de simple, así de crudo.

Ahora toca lo que tantas veces hemos hecho: curar las heridas sin dejar de sentir. Permitirse el enfado, la tristeza, incluso la desconexión. Cada uno gestiona la derrota como puede, como sabe, como le sale. Y todo es válido. Porque perder quema. Y mucho.

Es lógico seguir triste e incluso decepcionado. Pero aún seguimos caminando. El Atleti va a jugar su séptima semifinal de Champions en sus 123 años de historia. Han pasado nueve años desde la última y siempre que ha sido con un equipo de Simeone hemos presenciado historia. Son datos lo suficientemente gigantescos para entender el momento que nos ha tocado vivir.

En 2014 se nos ‘robó’ la semifinal en casa con un 0-0 sin recuerdos y emociones, pero que sí dejó una victoria histórica en Stamford Bridge; de la de 2016 aún se sigue viendo a Saúl regatear alemanes por la zona del Manzanares; y la última es uno de los recuerdos de pertenencia, bajo la lluvia de Madrid (mientras otros se ponían chubasqueros), más únicos y puros del fútbol.

Creo que el camino correcto, viendo los antecedentes, pasa por seguir disfrutando e ilusionándose. Quedan días para pasar el luto, pero la historia (y la Champions) no entiende de pausas o desgana. Te arrolla. Ya se vio en la vuelta de semifinales de Copa del Rey del año pasado tras el atraco del ‘doble toque’ de Julián en Champions.

Ahora el rival viene otra vez desde Londres como en 2014. El Arsenal es un equipazo y el reto es mayúsculo. Ellos son los favoritos, pero el Metropolitano golpeará primero. Llegar a Budapest pasa por convertir Madrid en una ventaja decisiva. De lo contrario, la capital húngara será inalcanzable.

El Metropolitano recibirá antes el sábado a los suyos contra el Athletic Club. El equipo tiene que devolver el apoyo y el cariño de una afición que nunca le ha fallado. No dudo que lo harán, han demostrado (pese a la gris final) que esta temporada tienen capacidad de reacción y grados de personalidad. Pero cada atlético tendrá que poner de su parte. No dudo que lo haremos.

Así que sí: desconectad si lo necesitáis. Seguid pasándolo mal unos días. Lameros las heridas, pero luego volved. ¿No será más lógico devolver el golpe que hundirse temblando?

No cometamos el error de dejar que una derrota nos robe lo que viene. Porque lo que viene es enorme. Y lo vamos a vivir como merece.