Arrancaba el día tres con un Qatar vs. Suiza (1-1) que, pese al inesperado gol en los últimos minutos de Khoukhi, que dio un punto histórico para el combinado dirigido por Julen Lopetegui, fue bastante flojo por demérito de una Suiza que se fue dejando llevar con el paso de los minutos. Manzambi entró en el minuto 65 para jugar, de manera sorprendente e ilógica, en banda derecha. Si bien es cierto que le faltó activación en los duelos, las dos veces que pisó zonas interiores estuvo a punto de generar el 0-2 para Suiza: primero, con una gran acción de conducción y pase que no aprovechó Vargas; y después, con un potente disparo desde la frontal que estuvo cerca de entrar.

Llegaba el plato fuerte de la jornada, ese Brasil vs. Marruecos (1-1) que, a los treinta minutos, nos tenía apuntando a prácticamente todo el combinado marroquí. Saibari marcó un excelente gol y volvió locos a los centrales brasileños con su constante movilidad; El Khanouss generó situaciones desde su agresividad y verticalidad; y El Aynaoui evidenció que su despliegue físico es totalmente élite, imponiéndose en los duelos (8/13) e incluso permitiéndose ser valiente hacia adelante, como demuestran sus doce pases al último tercio y la ocasión que tuvo al final del partido. Pero el que destacó por encima de todos fue Bouaddi. En un partido con un ritmo totalmente frenético, impactaron la personalidad, la agilidad gestual y el criterio con los que intervino con balón. Y en fase defensiva estuvo imperial, al nivel de su compañero en la sala de máquinas. Un niño de dieciocho años debutando en un Mundial como si fuese su cuarta aparición. Una exhibición para recordar. Por parte de Brasil, decir que su partido fue algo decepcionante, más allá de que mejorasen en la segunda parte. Igor Thiago, habitual en nuestras recomendaciones, tuvo un partido tremendamente ingrato porque su equipo no le dio absolutamente nada, más allá de un par de ocasiones donde, pese a no ser ocasiones claras, si se le puede achacar un mejor intento de remate.

De madrugada nos encontramos con un Haití vs. Escocia (0-1) en el que quizás se esperaba un resultado amplio a favor de los escoceses, pero acabaron imponiéndose gracias a un gol afortunado de McGinn.

Y cerraba la jornada —o la iniciaba para otros, estos horarios...— un apetecible Australia vs. Turquía (2-0) que nos dejó una interesante sorpresa. Australia supo resistir defensivamente con un 1-5-4-1 muy compacto, donde destacaron la defensa del área de Souttar y las acciones defensivas de Circati, joven central del Parma que podría estar en el radar del Atlético de Madrid y que demostró un notable comportamiento táctico en todos los registros defensivos. Es imposible hablar de este partido sin mencionar a Irankunda, uno de los jugadores más divertidos de lo que llevamos de Mundial. Su gol para adelantar a Australia fue impresionante. Actuando como extremo izquierdo a pierna cambiada, demostró capacidad de desborde, autosuficiencia física para dañar al contraataque y colmillo de cara a gol. Ex del Bayern, actualmente en el Watford e insultantemente joven —20 años—, habrá que seguirle la pista en los próximos partidos.

Pero quería destacar a Jordan Bos, carrilero izquierdo. Tras una enorme temporada en el Feyenoord —cuatro goles y siete asistencias—, llega al Mundial para confirmar que tiene un talento muy a tener en cuenta. Fue clave en los primeros pases para aumentar la calidad de la transición ofensiva, mostró conducciones progresivas rápidas y estéticas, y un entendimiento espectacular de cuándo y cómo aparecer en el momento justo, interpretando y potenciando muy bien las diagonales de Irankunda. Pese a la complejidad del partido para un carrilero de marcadas condiciones y vocación ofensiva, durante toda su actuación transmitió la sensación de ser un jugador superior a la media de su selección en cuanto a condiciones técnicas y tácticas.