«Qué manera de subir y bajar de las nubes, que viva mi Atleti de Madrid». El maestro Sabina definía así esta bendita locura, y hay que reconocerle que dio en el clavo. Tras unos días tremendamente convulsos y estresantes por la situación de Julián, el Atleti se plantaba en el Pizjuán sin el argentino —y sin Sorloth—, ante un Sevilla crecido por su gran inicio y con los inevitables fantasmas de la versión de visitante que tanto nos está haciendo sufrir en las últimas temporadas.
Y, de repente... un partido inmejorable desde lo futbolístico, con una primera parte para el recuerdo. Posiblemente, los primeros 45 minutos del Atleti sean el mejor tramo del Atlético de Madrid como visitante de los últimos años.
A falta del Cuti Romero y de Julián, Simeone al fin pudo alinear gran parte del presumible once tipo. El Atleti se impuso al Sevilla desde su primera posesión, con un ritmo y una precisión en la circulación de balón excepcionales. A diferencia de otros partidos, la movilidad del equipo fue una bendición para el poseedor de balón, que siempre tenía ofrecimientos en corto y en largo, tanto para progresar como para reiniciar si la jugada lo requería.

Las constantes permutas de posiciones desquiciaron a la defensa del Sevilla, que acabó cortocircuitándose por no saber cómo y a quién tenía que defender. Porque, en el fútbol de hoy en día, es más importante ocupar las funciones establecidas que la simple posición de un jugador. Vimos cómo, en el sector derecho, Giuliano a veces iba por dentro y otras ocupaba la amplitud. Una amplitud de la que a veces también se ocupaba Kang-In Lee, que tenía libertad absoluta para aparecer por las zonas adonde le llevase su privilegiada lectura de juego.
Y también vimos algo similar en el carril izquierdo. Veníamos de dos partidos consecutivos donde Lookman, al estar de '9', pasaba mucho tiempo de espaldas, dando desmarques de apoyo. Y su juego necesita ver el fútbol de cara para estar cómodo y sacar partido a sus aptitudes ofensivas, especialmente a su relación con el gol.

Grimaldo, que todavía tiene que ir a más defensiva y físicamente, demostró en el primer tiempo que puede sumar mucho por dentro. Más allá de que, lógicamente, a veces pueda ser él quien se encargue de ocupar la amplitud y esto lleve hacia el interior a Lookman, pero siempre con la portería de cara y no a su espalda.
LA MOVILIDAD DEL TALENTO
Ya hemos hablado de la libertad de Kang-In Lee, pero podemos permitirnos que se dé la mano con Álex Baena en este apartado, como ya hicieron en el gran gol inicial que puso cuesta abajo el partido para los de Simeone.
El surcoreano puede enlazar varios ataques donde su función es completamente diferente: desde esperar la jugada abierto para recibir y encarar hacia dentro, hasta ir a recibir el pase filtrado de los centrales para girar y poner a correr al equipo —vibes del rol creativo de Griezmann en campo propio—, pasando por situarse en zonas interiores en 3/4 para tocar y volver a ofrecerse en el juego de mediapuntas.

Y Álex Baena, en un rol claro de 'falso nueve', fue indetectable para los centrales del Sevilla. La ocupación colectiva de espacios interiores fue brillante, tanto por cantidad como por altura de la estructura, permitiendo a Baena no tener que encargarse en exceso de la distribución para que pudiese estar más cerca de la frontal, donde su giro y su capacidad de golpeo deben marcar las diferencias.
Interesante el desmarque del primer gol, ya que en entender el cómo y el cuándo en esas llegadas está el aumento de sus cifras goleadoras. Y, en líneas generales, más allá de los goles, fue una bendición verle flotar tanto por confianza como por precisión técnica, ya que marcó diferencias ofensivas cada vez que conseguía intervenir.

HJULMAND-BARRIOS, DÍA UNO
Habían coincidido en los últimos minutos ante Málaga y Villarreal, pero en el Pizjuán coincidían por primera vez en el once inicial. Si el danés, pese al injusto penalti que le señalaron ante Buchanan, ya había dejado sensaciones positivas, comprobar que su fútbol beneficia y potencia al mejor jugador de la plantilla —sí, ese es Pablo Barrios— dispara la ilusión con todo lo que va a beneficiar su presencia a la estructura del equipo.
Morten fue clave para que ese, llamémosle, 3-1-6 pudiese funcionar a la perfección. Sus primeros pases son siempre los que requiere la jugada. Sabe cuándo deben ser de seguridad y cuándo pueden ser progresivos —qué gustazo verle batir líneas rivales con sus pases filtrados—.

Y, una vez participaba en la construcción y el equipo podía volar, él ya se encargaba de vigilar dónde debía estar ubicado por si el equipo perdía la pelota. Esas vigilancias defensivas, que en el danés son élite y que tantos elogios se llevan otros centrocampistas como Rodrigo, son clave para que el equipo esté mejor posicionado tanto para la presión tras pérdida como para el retorno defensivo.
Y el partido de Barrios, perdonen la expresión, fue un abuso. Reconozco que hubo varias acciones suyas donde me dieron hasta lástima los centrocampistas del Sevilla. ¿Cómo vas a tener ese giro, ese cambio de ritmo y esa velocidad gestual? Es un mediocentro con acciones técnicas de extremo.
Verle, además, tan agresivo con el pase —espectaculares cambios de orientación— y con tanta libertad para pisar los carriles de 3/4 e incluso cargar el área, como en su casi gol del segundo tiempo, es una bendición para el fútbol ofensivo del equipo.

En la continuidad de Barrios está la temporada del equipo porque, sí, pierdan el miedo a decirlo: Pablo Barrios es uno de los mejores centrocampistas del mundo.
EL REPOSO TRAS LA TORMENTA
El 0-3 al descanso, tras una tormenta perfecta de fútbol ofensivo, era una evidencia de que el Atlético de Madrid ya había ganado el partido. Si en estos momentos de la temporada, condicionados por una pretemporada totalmente atípica, ya es habitual ir de más a menos, poder permitírselo por la comodidad del resultado agranda esa situación.
El equipo pasó a ser más pasivo con y sin balón, lo que, sumado al orgullo de un Sevilla que parece más conectado a lo emocional que la temporada pasada y a la personalidad y al regate de un interesante Miguel Sierra, complicó mínimamente el partido, tanto por el gol local como por alguna acción posterior de centros laterales donde, pese a defenderse mejor que otras veces, siguieron evidenciando que el Atleti debe mejorar en esta faceta. Y por ello hay tantas esperanzas depositadas en un Cuti Romero que, posiblemente, debutará en San Mamés la próxima jornada.
De justicia destacar los minutos de Arnau, que dejó minutos muy interesantes como revulsivo, teniendo siempre en cuenta la dificultad del contexto en comparación con lo que pudo hacer el Atleti colectivamente en el primero. Comenzó en banda izquierda, donde casi queda como asistente de Barrios tras una jugada individual excepcional. Y acabó de delantero en el 1-5-4-1 final del Atleti, dando aire al equipo, peleándose con los centrales y consiguiendo estirar en alguna acción, provocando un par de faltas que minimizaron el impulso ofensivo del conjunto hispalense.
Con todos los respetos al Sevilla, la dificultad de los partidos como visitante crecerá y, lógicamente, habrá alguna cosa táctica que compensar. Pero esperemos que la esencia no cambie, porque este Atlético de Madrid, cuando puede ser proactivo en todas sus fases del juego, demuestra que es uno de los equipos con más argumentos para jugar un gran fútbol ofensivo.
Si la temporada pasada la primera victoria como visitante no llegó hasta el sexto compromiso, que ahora haya sido en el primer partido debe servir para afianzar la propuesta y marcar un punto de inflexión.
Las horas finales de mercado se afrontan mucho mejor tras una exhibición tan mayúscula como la del Pizjuán.
Sueñen, hermanos rojiblancos.
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