Llegar y triunfar tiene su dificultad, pero mantenerse en lo más alto es muchísimo más difícil. Y ese es el gran reto de Flick para esta segunda temporada.
Es difícil empezar sin hablar de la sorprendente salida de Íñigo Martínez y los posibles daños estructurales que pueda suponer. La peculiaridad del Barça y su manera de tirar el fuera de juego cada vez está más estudiada —como se vio en Vallecas, con lo que preparó Íñigo Pérez con Isi—. Si a eso le sumas la pérdida del que, quizás no era el mejor jugador de su defensa, pero sí el líder de mando como lo era Íñigo, hace que seguramente esta temporada les vaya a costar más ser élite en ese registro… salvo paso adelante, ahora mismo inesperado, de Araujo. De hecho, no sería de extrañar que Christensen o incluso Eric García, acabasen adelantando al uruguayo.
En cuanto a incorporaciones, el único fichaje que, al menos por ahora, entra en el once tipo es Joan García. Viene de ser el mejor portero de la liga, pero el cambio de contexto será radical: en el Barcelona deberá mejorar su juego con los pies, adaptarse a defender fuera del área actuando como "líbero" en muchas fases y acostumbrarse a rendir interviniendo menos bajo palos, pero más expuesto.
No hay dudas sobre qué tipo de Barcelona veremos: un equipo cuya principal arma ofensiva volverá a ser la presión altísima, defendiendo hacia adelante con una valentía que roza lo suicida.
En la generación ofensiva, el liderazgo correrá a cargo de Pedri, por su creatividad, y de Lamine Yamal, cuya magia indefendible lo convierte en el único atacante con un puesto fijo. Raphinha, Lewandowski y quizás Fermín parten como titulares, pero Dani Olmo, Rashford y Ferran Torres, por talento, nivel y polivalencia ofensiva, completan un frente de ataque de altísimo nivel.

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