“Quería pedir perdón a nuestra gente por mis palabras durante el Mundial. Fueron una equivocación. Las formas y el momento”. Son las primeras palabras en público de Julián Alvarez cuatro meses después de reconocer abiertamente en la concentración de Argentina durante el Mundial de Canadá, México y Estados Unidos su manifiesto deseo de dejar el Atlético de Madrid (“Creo que lo mejor para todos es una transferencia y quiero cumplir mi sueño”) dos temporadas después de que pagasen 70 millones de euros para fichar por el Fútbol Club Barcelona. Su primera aparición pública coincidió con la diana ganadora al Deportivo de la Coruña en el Metropolitano, su primer tanto en LaLiga desde el mes de febrero (ocho partidos de sequía).
El presente de Julián Alvarez en el Atlético de Madrid está lejos de ser el del jugador al que fueron a rescatar de Manchester pidiendo una oportunidad tras vivir cómodamente a la sombra de Erling Haaland. Reclamó méritos de líder y primera espada, virtudes que solamente ha exhibido en su primer año y en la Champions League, competición que sí le motiva y le despierta todo su esfuerzo (18 goles y 6 asistencias en 29 encuentros europeos). Desde la campaña pasada, solo ha marcado nueve goles en 36 partidos de LaLiga, una irrisoria cifra que no le ha costado superar a otros jugadores como Lucas Boyé (16), Jorge de Frutos (13), Orri Óskarsson (12), Sergio Camello (12), Alberto Moleiro (12), Hugo Duro (10) o el mismísimo Sorloth (13). Muy lejos quedan las 37 de Kylian Mbappé, las 28 de Raphinha o las 26 de Lamine Yamal, futbolistas que no solo ejercen de líderes de sus equipos, sino que también lo demuestran con goles y asistencias.
Julián persigue su mejor versión: fabricó tres goles ante Espanyol, Dépor y Stuttgart en siete días pero no ha mojado ni ante el Levante ni ante el Bayern
Arropado por los propios compañeros, especialmente de un Juan Musso y de un ‘Cuti’ Romero persistentemente vigilantes como fieles escuderos ante un propenso estado de ánimo taciturno, y protegido constantemente en plaza pública por Diego Pablo Simeone, el que no para de otorgarle oportunidades buscando no perderle por el camino con el objetivo de que se enganche a la dinámica del equipo, Julián Alvarez persigue su mejor versión. Los goles ante el Deportivo de la Coruña y Sttugart, así como la asistencia para el gol ganador frente al Espanyol en Cornellá, todo en un plazo de siete días, presagiaban el despegue definitivo del argentino como punto de inflexión definitivo en su recuperación. Un mero espejismo. Ante el Levante y el Bayern de Munich, sus dos últimos encuentros, solo remató a portería en una ocasión (tres remates totales).
Víctima preferida
La grada del Metropolitano ha sido especialmente benevolente con el contexto de Julián Alvarez, un trato que la frialdad del argentino no ha sabido, no ha querido ni ha podido corresponder. El único reproche público y sonoro de la afición fue en el empate contra el Villarreal en el mes de agosto al entrar al campo por Giuliano Simeone. Su desprecio impide a la afición devolverle el apoyo en forma de cariño, pero sí la oportunidad de darle la revancha de reivindicarse, dándole espacio y tiempo en un ejercicio de confianza que le haga reencontrarse.

Y que mejor oportunidad para la ‘araña’ que hacerlo frente al Barcelona, ese rival al que le tiene cogida la medida. Desde que fichó por el Atlético de Madrid procedente de la Premier League, a ningún contrincante le ha generado más goles que a los blaugranas. Son cuatro dianas y dos asistencias a lo largo de los nueve enfrentamientos que ha tenido contra el equipo culé en competiciones oficiales, más que al Real Madrid (5), Tottenham Hotspur (5), Real Betis (4), Rayo Vallecano (4) y Real Valladolid (4).

Independientemente de estar más o menos acertado de cara a la portería de Joan García, una buena actuación individual de Julián facilitaría limar asperezas y reforzar su compromiso con la entidad, el grupo y el cuerpo técnico, algo que él mismo ha puesto en entredicho con sus actos. Escama que del largo culebrón del verano, el único jugador de una partida a tres bandas que no ha salido perdiendo ha sido precisamente el Barcelona. Todo el ruido mediático que ha generado en el verano con una operación que no podía abordar, por negación y orgullo del Atlético de Madrid pero también por incapacidad propia de alcanzar las pretensiones demandadas, ha servido de globo sonda para dinamitar relaciones en un jugador, Julián, y en un equipo, Atlético, que les ha sido ásperos en los últimos cursos en sus intereses de recuperar la gloria, apeándole de la final de la Copa del Rey en la 2025/26 y de no alcanzar las semifinales en la Liga de Campeones 2025/26.



Comentarios