La nueva propuesta que está intentando adaptar Diego Pablo Simeone en la reconstrucción del Atlético de Madrid conlleva implícitas una serie de riesgos que el equipo debe de asumir, pero también corregir con el paso de los encuentros. En Anfield demostró que la idea da sus frutos, pero también que puede convertirse en su talón de Aquiles si no encuentra la forma de minimizar esos daños.
Los colchoneros fueron una máquina de perder balones en campo propio durante los 90 minutos en la derrota contra el Liverpool, que llegó a completar más de 20 recuperaciones en la mitad de campo del Atleti. Numerosos pases que no encontraron destino ni dieron continuidad en las jugadas, siendo Dávid Hancko el que peor registros tuvo. Hasta 11 pases intentó desde campo propio que no encontraron un compañero.
A pesar de ese atasco en salida de balón, el cuadro rojiblanco demostró con la acción del gol de Marcos Llorente que la idea de juego merece tiempo y continuidad. Hasta 22 pases ininterrumpidos enlazaron los jugadores colchoneros, 21 de ellos moviendo la pelota en campo propio hasta que Julián Alvarez recibió, condujo y filtró un balón al espacio para el desmarque de Marcos Llorente.
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