Llegados a ese momento de la temporada en el que todo pesa más por la importancia creciente de los puntos, se podría hasta entender que el filial pudiese tener cierto vértigo ante una posición que conlleva una presión que no es fácil de asumir ni de naturalizar. Y nada más lejos de la realidad: el Atlético Madrileño, que lleva toda la temporada demostrando ser uno de los mejores equipos de la categoría, tanto en fútbol ofrecido como en variedad de registros competitivos, confirma un rasgo fundamental: el de no dejar nunca de creer, por más difícil que se pueda poner el reto.

Tras cortar en la jornada anterior una frustrante racha de cinco partidos consecutivos como local sin victoria, volvía a jugar el Madrileño ante su público contra un Antequera que, por calidad neta en su plantilla, es uno de los mejores equipos del grupo.

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Con las bajas, por diferentes motivos, de Esquivel, Javi Serrano, Bellotti, Perovic, Sits y Cubo, Torres apostaba por Jano y Rayane por delante de Morcillo, además de la presencia de Mario de Luis en la portería, con la posibilidad de alinear a Julio y usar a Rafa Llorente como jugador más adelantado del ataque rojiblanco.

El viento fue un factor condicionante durante todo el encuentro, pero no excusa la mala primera parte del filial, seguramente la peor de la temporada en términos de identidad futbolística. Como dijo el propio Fernando en la rueda de prensa posterior, lo mejor fue el resultado al descanso, ya que el 0-1 era incluso positivo para los intereses del Madrileño. El partido de Moha Bassele, Luismi o Siddiki entre otros, confirma lo que decíamos antes sobre que la posición clasificatoria del Antequera no refleja el nivel real de la plantilla en términos de calidad.

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En las primeras jugadas del segundo tiempo ya se vio un paso y un ritmo completamente diferentes. El Atleti recuperaba su esencia sin balón, agobiante en la presión y con muchísima más verticalidad con posesión a favor: creció Morcillo, impactaron más los laterales en fase ofensiva, Arnau generó conectando con Rafa Llorente en situaciones interiores, Iker Luque generó centros desde línea de fondo… Llegó el 1-1 de Arnau y, cuando parecía que el partido se ponía cuesta abajo para los intereses del Madrileño, el Antequera hizo a continuación el 1-2 en una acción a balón parado.

Para cualquier otro equipo, esto podría haber sido un mazazo definitivo. Pero los de Torres asumieron el golpe; Castillo y Koke Mota volvieron a aportar mucho como revulsivos, y la insistencia volvió a tener premio: Boñar forzó un penalti que también supuso la expulsión de Félix. Arnau hacía el 2-2, el árbitro decretaba doce minutos de descuento, Fernando Torres demostraba una ambición desmedida poniendo a Puric de delantero centro pese a no ir perdiendo… y premio. Porque fue el propio central serbio el que provocó un penalti en el minuto 106 que Arnau convertía en el 3-2 con una personalidad tremenda. El extremo izquierdo cerraba un hat-trick que, además de consolidarle como indiscutible pichichi de Primera Federación con diecinueve goles, le empata con Adrián Niño como máximo goleador histórico del filial en esta categoría.

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Si ya la pasada jornada se consiguió ganar en el descuento al Cartagena, volver a hacerlo pese a ir perdiendo por dos veces en el marcador confirma que este equipo nunca deja de creer. Quedan solo veinticuatro puntos por disputarse (8 partidos). Disputar el playoff está prácticamente asegurado (diez puntos sobre el sexto clasificado), pero esta segunda posición, a solo un punto del Sabadell, permite soñar en rojiblanco. Porque hay mucho de creer en soñar… y al Atlético Madrileño nadie le gana en creer.

Hay partidos que, al ganarlos, sientes, al degustarlos, que quizás son indicios de algo grande. Y si…