¿Dos puntos perdidos o un punto ganado? Posiblemente, solo los resultados de los siguientes partidos contestarán esta pregunta. En caliente, el seguidor rojiblanco quizás tenga la sensación de que, pese a estar en inferioridad numérica, rozó una remontada heroica. Y, en un partido tan cambiante, con una rotación constante de luces y sombras, agarrarse a esa sensación final puede ser incluso un buen —y optimista— punto de partida para los siguientes compromisos.
Una pena que un gran partido como es actualmente el Atlético de Madrid vs. Villarreal tenga que estar condicionado por la particularidad de la pretemporada, algo que se vio reflejado en el once de Simeone, que sorprendía manteniendo a Mendoza como titular y dejando en el banquillo a Barrios, aunque esto último se entiende por la necesidad de cuidar al jugador más importante del equipo tras debutar con 90 minutos excelentes frente al Málaga.
El Atleti comenzó el partido siendo bastante proactivo a la hora de presionar la salida de balón del Villarreal. Consiguió imponerse en esta presión en varias acciones, pero también el Villarreal logró desactivarla en otras, generando acciones ofensivas de peligro, lo cual debes asumir porque son un gran equipo ofensivo. El conjunto rojiblanco no conseguía marcar la diferencia en el gesto final, equivocándose constantemente en el último pase y acumulando remates sin excesivo peligro, al contrario que un Villarreal que, cuando llegó al área de Oblak, exigió al máximo al esloveno e incluso a Pubill, que salvó el 0-1 en una tremenda acción defensiva.
Pero, en líneas generales, se estaba viendo un Atleti óptimo en cuanto a estructura, con Hjulmand dando seguridad al equipo en los primeros pases y encontrando a Kang-In Lee entre líneas con ese pase filtrado tan característico del danés. Aprovechamos estas líneas para destacar al centrocampista en su primera titularidad con Simeone: siempre bien ubicado, imponiéndose en los duelos y tomando constantemente decisiones correctas con balón.

La pausa de hidratación del primer tiempo trajo consigo el, por desgracia, habitual paso atrás de Simeone, ya que el Atleti acabó defendiendo en 1-5-3-2 e incluso 1-5-4-1. Además, en una situación difícil de entender, cambió a Kang-In Lee al perfil izquierdo, limitando su participación interior pese a que estaba siendo el jugador ofensivo que mayor lucidez estaba demostrando. Precisamente en el perfil izquierdo teníamos a Grimaldo, que, en su debut con el Atleti, demostró que todavía no forma parte del sistema de juego. Hemos comentado varias veces en Atlético Stats que no estamos ante un lateral de simplemente ocupar la amplitud, ser profundo y centrar. De hecho, para esas funciones, posiblemente Ruggeri sea hasta mejor lateral. Grimaldo debe tener libertad, meterse por dentro tanto para crear como para finalizar, no verse encorsetado a simplemente esperar abierto la jugada. Esperemos que, una vez el Atleti resuelva la situación del delantero —o de los delanteros—, Lookman pueda pisar más el perfil izquierdo y permita ese intercambio de posiciones con Grimaldo, porque, si no, estaríamos desperdiciando a uno de los defensas ofensivos más determinantes del fútbol moderno.
La entrada de Baena al descanso por un invisible Mendoza devolvió a Kang-In al perfil derecho del ataque rojiblanco, que comenzó el segundo tiempo imprimiendo más ritmo a sus ataques y volviendo a decir más cosas desde la presión. De hecho, una buena presión de Koke y Giuliano desembocó en el tremendo golazo de Marc 'el zurdo' Pubill; destinado al cielo, su primer gol en el Metropolitano tenía que ser inolvidable.

Poco le duró la alegría al Atleti, ya que el árbitro decidió acogerse a la cuota de pantalla que tanto gusta en el arbitraje español: un leve contacto de Hjulmand sobre Buchanan, provocado además por el empujón previo del canadiense, acabó en un penalti que transformó Gerard Moreno. Y, por si era poco enemigo el señor colegiado, Robin Le Normand se le unió. Es una pena que, incluso en el que estaba siendo un buen partido, acabe saliendo retratado de una manera tan dura; ya no por la tremenda superioridad de Mikautadze —qué jugador— en la carrera, sino por comprar papeletas de esa manera tan absurda, impropia de un defensor de su experiencia.

Entre el 1-1 y el 1-2 habían entrado Llorente, Barrios y Julián. Viendo la injustificable actitud con la que entró al partido Julián y tras la expulsión de Le Normand, se podía entender que al Atleti ya no le diese para variar el resultado. Por suerte, la reacción del Atleti fue excepcional: entró Giménez, crecieron Llorente y Barrios, además de un ejemplar Giuliano como delantero derecho en ese tramo final; y Baena, desacertadísimo durante toda la segunda parte, consiguió asistir a Giuliano para el empate en prácticamente su único pase bueno. Le faltó fuelle al Atleti para conseguir el 3-2 en los casi quince minutos posteriores al empate, pero el Villarreal fue el que bajó revoluciones y dio por bueno el empate pese a la superioridad numérica.
Es evidente que estamos ante un momento peculiar, con muchos titulares fijos condicionados por no estar todavía en su mejor tono físico. Pero, pese a esto, ratos de juego como la reacción del Atleti al 1-2 y a la expulsión de Le Normand demuestran que este equipo está hecho para ir a golpear sin priorizar el no recibir, porque acaba desnaturalizando las mayores virtudes de estos jugadores.
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