Entre el afán y la gusa de optar al primer título desde la Liga de 2021 y la necesidad de superar tantas rondas como se puedan en Europa por el simple hecho de cuadrar las famosas cuentas económicas y no por motivos ni ambiciones deportivas, LaLiga asoma de refilón para el Atlético de Madrid. Tropiezo a tropiezo, ganando tan solo dos de los cinco partidos ligueros del 2026 (2E 1D), se ha alejado hasta los 13 puntos del liderato. Y ha comprometido, incluso, hasta la posición de podio, con un Villarreal con el que empata a puntos y al que le falta todavía un partido pendiente por jugar. La distancia con el Real Betis, quinto clasificado, es de siete puntos.

Con un punto de los últimos seis posibles, empatando ante el Levante (0-0) y perdiendo contra el Real Betis (0-1), se puede deducir, por tanto, que el campeonato doméstico es la última prioridad para los colchoneros a estas alturas de la temporada. Los huevos se han depositado en la cesta de la Copa, más aún si cabe después de la exhibición histórica en semifinales arrasando al Barcelona con cuatro goles en el partido de ida. El Atleti, con 90 minutos por delante todavía por disputarse, tiene prácticamente pie y medio en una final copera salvo hecatombe en el Camp Nou dentro de tres semanas.

Rival y competición al margen, el cuadro rojiblanco tiene un tercer contendiente en la sombra ante el que no puede combatir, solo amoldarse. Entre la conclusión del partido copero frente al Barcelona y el pitido inicial ante el Rayo Vallecano hay solamente 67 horas de separación, incumpliendo una vez más la recomendación de 72 horas de descanso que exige la AFE. Como ante el Betis en el Metropolitano después de jugar en La Cartuja entre semana. Como ante el Levante en el Ciutat de València tras perder frente al Bodo en Champions. Como las 70 horas que habrá para preparar el partido ante el Espanyol en LaLiga la semana que viene después de viajar a Bélgica para enfrentar al Brujas en Liga de Campeones. Adaptarse o morir.

El Atleti retoma la Liga tras la exhibición copera ante el Barcelona en semifinales con solo 67 horas de descanso

En el alambre también ha estado hasta última hora la decisión final sobre el escenario definitivo para el partido, con el estadio de Butarque como decisión final ante las dudas que albergaba LaLiga. El impracticable estado del césped de Vallecas, sometido a cambio sin apenas tiempo y castigado por las adversas circunstancias meteorológicas en forma de lluvias persistentes, no permitió que se celebrase el duelo liguero ante el Real Oviedo. A contrarreloj y a destajo han trabajado los operarios a lo largo de la semana para que el césped termine de asentarse y pueda estar disponible para la práctica del fútbol. La posibilidad de un nuevo ridículo, así como el riesgo al que se someten a los futbolistas, ha motivado la elección de Butarque como escenario definitivo para el encuentro.

En estado de alarma

La suspensión en la última jornada liguera del partido contra el Real Oviedo a menos de cuatro horas para el pitido inicial a causa de las malas condiciones del terreno de juego de Vallecas es la gota que ha colmado definitivamente el vaso en el Rayo Vallecano. La negligente gestión de Raúl Martín Presa en todos sus ámbitos deja muchísimo que desear pese a que el equipo esta temporada esté jugando en Europa por primera vez tras dos largas décadas sin hacer la maleta por el Viejo Continente. No hay éxito deportivo que pueda tapar, salvar o enmascarar el estado de ruinas en el que está dejando voluntaria y estratégicamente a una entidad recientemente centenaria.

El Rayo ocupa zona de descenso por primera vez desde agosto de 2021. Solo ha ganado uno de los últimos 12 partidos de LaLiga

El estado de la Ciudad Deportiva, impracticable hasta el punto de tener que salirse de sus instalaciones para poder entrenar diariamente en un campo que no reúne las condiciones necesarias, las reiteradas zancadillas que pone a su devota masa social, con gestiones prehistóricas impropias de un club de Primera División, o el derrumbe paulatino del estadio, hasta el punto de convertirlo en una situación de riesgo para sus asistentes a causa de los enérgicos esfuerzos de Raúl Martín Presa por abandonarlo en busca de forzar un traslado, han cocinado a fuego lento los problemas que indudablemente se trasladan hasta el terreno de juego.

El conjunto franjirrojo, que enlaza tres derrotas ligueras (Celta de Vigo, Osasuna y Real Madrid), solo ha ganado uno de sus doce últimos partidos en el campeonato doméstico. El escaso bagaje de puntuación, sumando ocho puntos de 36 posibles desde que arrancase el mes de noviembre de 2025, le ha hundido hasta las posiciones de descenso antes de alcanzar los dos tercios del curso oficial. Una situación nueva para un equipo que no estaba entre los tres últimos clasificados desde que fuese colista en agosto de 2021. En otras palabras, hasta 171 jornadas sin pisar las zonas de peligro de la tabla clasificatoria.