Qué bien sienta escribir una crónica tras haber demostrado en primera persona que el fútbol, a veces, paga. La victoria del Atlético Madrileño no son solo tres puntos importantes en lo clasificatorio. De hecho, seguramente en este caso lo simbólico supere a lo numérico porque, tras cinco partidos sin ganar como locales, donde el fútbol le estaba dando la espalda hasta de manera burlona en muchos momentos, conseguir ganar en el descuento seguramente sea la forma ideal de finiquitar una racha que era evidentemente injusta.

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Torres afrontaba el duelo ante el Cartagena con las ausencias de Esquivel —segundo portero mientras esté lesionado Oblak— y Julio, ambos en convocatoria del primer equipo. Javi Serrano fue baja de última hora. Mario de Luis, mantener a Perovic y Morcillo fueron los sustitutos. En ataque, esta vez era Cubo el que esperaba su oportunidad desde el banquillo.

Desde las primeras acciones del partido se pudo apreciar que el Madrileño iba a dominar el partido. La primera parte fue de una evidentísima superioridad del filial, que generó ocasiones con fluidez, principalmente por lo que creaban en el sector derecho Boñar, Bellotti y un muy inspirado Iker Luque en el desborde. El Cartagena no era capaz de aguantar el balón porque la presión tras pérdida del Atleti era muy decidida y efectiva.

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Tras la reanudación, el partido se igualó en sus primeros minutos e incluso el Cartagena tuvo un par de oportunidades claras para adelantarse en el marcador. Acumularon muchos jugadores cerca de la base para tener más soluciones ante la presión del Madrileño, consiguiendo así incomodar y desnaturalizar por momentos a los de Torres. Pero el Atleti consiguió ajustar de nuevo la presión, volver a combinar con ritmo y ser muy dinámico con y sin balón en todas sus acciones.

Y llegó el momento de los revulsivos: en el descanso había entrado Barboza —que ha estado genial como último hombre en varias acciones defensivas— por Perovic, desplazándose Dani Martínez al lateral izquierdo. En el minuto 72 entraron Jano y Castillo por Rayane y Bellotti; Jano estuvo bien, pero especialmente notorio fue el rato de Castillo, el cual llevaba bastantes semanas sin ser uno de los habituales. Demostró despliegue, criterio y personalidad, ayudando a potenciar una superioridad que ya estaba siendo notoria, pero que acabó siendo excesivamente estresante para el Cartagena. Se sucedían los “uys” y las paradas de Lucho García, pero como titulábamos al inicio de la crónica, el fútbol esta vez pagó cuando ya parecía que iba a volver a delinquir: Cubo —que tan solo llevaba diez minutos en el campo— remató con violencia a la red un balón que mantuvo Puric con vida en el área tras un gran centro e incursión al ataque de Dani Martínez; era el minuto 91 y fue increíble la celebración de todo el equipo y de toda la grada. Una liberación justa y necesaria que culminó Rafa Llorente con el 2-0, transformando un penalti que provocó Koke Mota, que también acabó teniendo impacto como revulsivo.

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Fernando Torres, a pregunta de Atlético Stats sobre la importancia de que este partido lo comenzasen a ganar los revulsivos, decía que esto le generaba una ilusión tremenda, ya no solo por lo que está por venir, sino por lo bien que habla del trabajo y de la unión diaria del equipo. Un final de partido que es justo lo que venía mereciendo el Madrileño, y que da más valor aún a la compostura y la fe que ha mantenido Torres en estos cinco partidos anteriores sin conocer la victoria como local. Fernando no dejaba de reseñar la importancia de creer en el único camino que entienden para tener éxito, y esta victoria refrenda esas palabras.

Una victoria que te permite dar un gran salto de cara a estar más cerca de, al menos, jugar los playoffs por el ascenso -nueve puntos de ventaja-, que te mantiene a solo tres puntos del ascenso directo pero que, sobre todo, reafirma que este equipo ha elegido un camino precioso, porque da gusto ver cómo juegan al fútbol.