Reconoceréis muchos de vosotros que, al igual que yo, os disponíais a ver el partido concienciados de que podría ser el prototipo de encuentro que está frecuentando como visitante en liga el Atleti desde hace bastantes semanas. Un partido donde acabe pesando más las necesidades clasificatorias del rival y donde nuestros posibles enfados siguiesen dirigiéndose hacia varios de los integrantes de la segunda unidad.
Y de repente, de un supuesto partido intrascendente... a un partido histórico para la cantera del Atlético de Madrid; y un partido que, si en unos años lo recordamos, será una muy buena señal. A veces se dice que ganar lleva a ganar, así que por si acaso... importante victoria antes de la vuelta de las semifinales de la Champions League.

Simeone completaba de inicio el cupo máximo de cuatro jugadores sin ficha del primer equipo en el once, con Boñar, Julio, Morcillo y Rayane Belaid. El Atleti comenzó el partido cómodo con balón y sin sufrir en su 1-5-4-1 defensivo, pero en el ecuador de la primera parte evidenció las mayúsculas dudas del Valencia y se tiró a por él con una agresividad y ofensividad ilusionantes. Pasó a presionar en 1-3-4-3 la salida de balón del Valencia, recuperando el balón con rapidez y aprovechando el desorden del Valencia, al que le costaba identificar un ataque rojiblanco que no tenía referencias fijas.
En ese tramo del primer tiempo del 25' al 45', gustó mucho el talento que demostró Mendoza en varias acciones; incluso Almada tuvo alguna acción interesante. Pero, sobre todo, hay que detenerse en las figuras de Nahuel Molina y Obed Vargas. El argentino, al que podemos llamar el “defensa atacante”, defendió como carrilero, pero en fase ofensiva fue un verso libre, evidenciando que su momento, tanto a nivel físico como de confianza, es espectacular. Casi marca un golazo que habría sido candidato al Puskás, pero, más allá de eso, estuvo brillante en todas las acciones ofensivas: centrando desde línea de fondo, metiéndose por dentro para combinar con balón y batiendo con facilidad líneas rivales desde el pase, atacando la espalda de la última línea como si fuese delantero... el ejemplo perfecto de que estos partidos intrascendentes pueden ser claves para variar cosas en Simeone de cara al siguiente partido importante, porque tras esta exhibición... ¿se ha ganado ser titular en Londres ante el Arsenal?
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Y si hablamos de aprovechar oportunidades, simplemente digan Obed Vargas. El mexicano jugó su mejor partido como rojiblanco, demostrando una madurez táctica y competitiva que no debería definirle en estos momentos de su carrera. Además, lució seguridad balón, demostrando criterio y entendimiento de los momentos en los que debía jugar sencillo y otros en los que su pase merecía el intento de ser más definitivo. Tiene un motor de serie para ser dinámico en todas sus acciones y generar desde la conducción, claves para poder brillar en el fútbol de hoy en día. Además, redondeó su actuación asistiendo a Iker Luque en el 0-1.
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El 0-0 al descanso no hacía justicia a la tremenda superioridad del Atleti. Fue, sin duda, la mejor primera parte en liga de la temporada —evidentemente, esto habla fatal del nivel liguero del equipo—. La reanudación confirmó que la superioridad seguía siendo eminentemente rojiblanca, y así lo entendió Simeone con un cambio en el 63' que recordaremos por mucho tiempo: Iker Luque y Cubo sustituían a Rayane y Morcillo. Y lo que vino a continuación ya es historia para la cantera del Atlético de Madrid.
Simeone, tras unos primeros minutos improductivos de Iker Luque en la derecha, le mandó a la banda izquierda. Y su primera acción en ese costado no la olvidará en la vida: recibió de Obed Vargas y, desde la frontal, definió brillantemente al palo corto de Dimitrievski. Un gol que hacía justicia con lo que estaba siendo el partido y que confirmaba lo que muchos sabemos desde hace tiempo: Iker Luque tiene el talento y, sobre todo, el descaro y la personalidad para comerse las oportunidades que tenga en el primer equipo... hasta que no quede más remedio que quedárselo.
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Y si la alegría del gol de Iker Luque ya justificaba el partido, tocaba ración doble: Le Normand y Griezmann conectaron a la perfección; el francés vio el desmarque de Miguel Cubo y este definió al primer palo de manera sublime. De supuesto gol anulado por fuera de juego a una celebración histórica para un chaval que hasta se emociona hablando de su Atleti. Apunten este día, porque este chico lo tiene todo para ser el siguiente gran delantero canterano del Atlético de Madrid. Casi nada.
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En este obligado momento de exaltación de la cantera, además de mencionar la sólida actuación tanto de Julio como de Morcillo, hay que hablar de Boñar: marcó un gol inolvidable en el Pizjuán, fue uno de los pocos destacados de la derrota en Elche... y en Mestalla firmó la actuación que, seguramente, haya convencido a Simeone de que está ya preparado para ser jugador del Atlético de Madrid. Está demostrando ser un gran competidor en esa posición de tercer central: acertado en la anticipación, seguro en los duelos, defendiendo bien el área, controlando las segundas jugadas, demostrando un gran instinto para decidir en momentos de peligro... y, claro, si te da esto defensivamente y luego ves su gran capacidad técnica y táctica para aportar con balón, ya sea como lateral o metiéndose a zonas interiores, se hace imposible no comprarle todo.
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Dos goles, los de Iker Luque y Cubo, que premian el fantástico trabajo de Fernando Torres —como reconoció Simeone—. Pero, sobre todo, las actuaciones en general de estos canteranos demuestran que entre que te salga un Barrios y no apostar nada por la cantera, hay un término medio donde te puedes encontrar a los Boñar o a los Iker Luque. Que este tipo de canteranos estén en la primera plantilla y te ahorren hacer fichajes como, por ejemplo, los de Lenglet, Gallagher o Raspadori, debe ser obligatorio para el crecimiento deportivo y estructural del Atlético de Madrid. Esperemos que estas apuestas que está haciendo Simeone, de momento circunstanciales por la máxima prioridad que se le está dando a la Champions, supongan un antes y un después en el uso de una ilusionante generación de canteranos como es esta.
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